Por si no lo había dicho antes, me dedico a la arquitectura. A veces, reformamos espacios interiores.
Lo que me gustaría compartir con vosotros es la sensación que te invade cuando haces una primera visita. Cuando ves el espacio vacío, que pronto se convertirá en aquello que ha salido de tu cabeza.
Un acto rutinario: llegas, mides, revisas... y de repente empieza a caer el sol y, a medida que los rayos naranjas bañan cada metro cuadrado, empieza a dibujarse en tu retina el resultado final.
Haces una foto, pero solo aparece en ella el espacio vacío. Te das cuenta de que se te ha ido el santo al cielo y aún hay que volver a la oficina.
Queda mucho trabajo por hacer.