Que suerte toparse con una mujer que le perdió miedo al miedo, una de esas que aman hasta los huesos, que hacen el amor sin inhibiciones, que se entregan en cuerpo y alma por quien aman. Una chica como ella que no le importa tu físico o tu estado económico.
Te dan ganas de invitarle una botella de vino a las doce para después sentir el roce de su piel junto a la tuya, pero no sólo por una noche, su templo, su esencia te provoca todas las ganas de verla amanecer juntito cada amanecer.
Una mujer así te hace adicto a sus besos, a sus caricias, a sus sonrisas, a su mirada, a sus lunares, a sus formas de amar y de tener sexo, porque todo lo hace con el alma...
Una dama así no la buscas, simplemente llega como tifón a desnudarte más que solo piel, no es para cualquiera, porque no cualquiera es capaz de soportar sus lunes insoportables, sus miedos absurdos, sus insomnios con pesadillas, sus fases cambiantes como la luna.
Así que no te lances por sus pasitos si las intenciones que llevas no son para llenarle la cara de besos, de provocarle una sonrisa cada día.
Porque para amarla a medias deberías ser idiota, sobre todo si cuando miras sabes que se merece toneladas de cariño, noches enteras de placer donde la hagas venir y mañanas placenteras donde se sienta protegida abrazada a tu pecho.