Cuando las cosas tienen que suceder pues, sea Dios o la simple casualidad o como dicen muchos el destino, pero ese destino se había quedado ya hacía años en otros parámetros lineales del pensamiento, como dormidos, a medias tintas, pero retroceder a aquellas afluencias de las arenas pues ya no tenía sentido.
Saliendo de la oficina de pagos de la electricidad algo que no pensaba hacer, primero no vivo en una mansión, segundo las cosas que tengo, es lo que cualquier persona tiene en su casa y me llego una tarifa extraordinaria de gasto de electricidad y fui a colocar un reclamo.
La que me atendió dijo con voz cortante.
-Lo que tiene que hacer es pagar y después será reembolsado el dinero.
A lo que respondí con sarcasmo ya que no tenía esa cantidad de dinero.
-Claro ¿a dónde tengo que ir?
Y salí pensando y enfurecido pues me quedaré sin electricidad, en fin saliendo apurado no sé qué, pero me lleve por delante a una mujer con su niño en brazos.
-Qué haces imbécil…
-Disculpe pues, pero…. Ja,, no has cambiado nada verdad…
Ella alguna vez fue el mejor romance de mi vida pero para esas otrora la juventud, el querer descubrir y andar por los caminos aún no conocidos, los consejos de amigos en vamos si no se va enterar, y mi pensar de, ella jamás me va dejar pues… un día me dejó.
-¡Eh! ¿Cómo estas, tarado, que andas haciendo?
-Tarado, si… gracias, yo también te quiero sabes.., pues me llegó el recibo de electricidad pero ni pienso pagar, y tú, qué bonito niño ¿te casaste?
-No me casé, ya sabes lo que pienso de los hombres, son unos descarados, hdpt, pero quería ser madre y bueno.
-No todos somos así, sabes que mi abuelito me enseñó bien.
-Jajajajaja tú abuelito… viejuco descarado que tenía sexo con mi abuelita que tanto lo amaba y él a su vez con la santa del barrio la doña Mercedes del valle dando de cachos a su esposo y a mi abuelita.
-No hables así de mi abuelito que ya murió.
-Viejo descarado como él sólito…
-Pues, quieres ir a tomar un café y platicamos, o no sé estás apurada te llevo a tu casa, ¿dónde estás en la de tu madre o en la de tu hermana?
-En la de mi hermana el padre de mi hijo vive en el mismo barrio
-Mira qué tal si vamos a mi casa y preparó y cocinó unas pizzas pues, te van a gustar, ya no son esas pizzas que hacía en aquellos años.
-Ahh, si claro, ir a tu casa, no ves que estoy con el bebé descarado, como si no te conociera.
-Solo te estoy invitando a comer y platicar, pues recuerda ya eres madre, y por el anillo en el dedo de la mano estás casada.
-Que eres observador, que más observaste…
-Observar o recordar esos puntos cardinales de tu cuerpecito que el solo roce te encendían.
-Ok. pero después me llevas a casa de mi hermana.
Así que fuimos a mi hogar, mientras preparaba todo para la pizza ella peló y cortó papas para hacer un puré y una milanesa al bebé todo bien cortadito, la observaba, haber sentido que así hubiera sido estando juntos y aunque no lo dijo sé que ella pensó lo mismo en ese instante, y nos sentamos a almorzar.
Recordamos momentos, a personas de ese pasado que ya no estaban en nuestras vida ahora, el que será de ellos, de cómo hubiera sido estar aún todos juntos, nuestras peleas, del yo irme con mis amigos y dejarla sola
Después de comer yo hice la limpieza, acomodé todo y le dije
-Si quieres te llevo
El niño estaba dormido en el sillón así que me le acerqué y le dije
-¿Un café o qué?
Y nos imantó el destino, besé sus labios con esa ternura divina sobre las sincronía del abrazo, danzaba las ganas en los flashes de luces en los labios y lengua, y fuimos desvistiéndonos despacito, como se elevaban los latidos en el magnetismo que nos envolvía de azahares, del pasado y nuevas caricias, en mirarnos descubriéndonos, sentirnos vivos nuevamente…
Hicimos el amor, comiéndonos con la mirada en todo momento… no quería que se fuera, ella no quería irse, pero tenía más un millón de llamadas entre mensajes, del padre del hijo, así era siempre me decía ella y por eso lo dejó, porque ella vivía en otra ciudad cerca.
En la tarde-noche la lleve a las entrada del barrio donde vivía,, le pedí su número, me dijo dame tu numero yo te llamaré, al final ella alzó al niño me sonrió, nos vemos amor…y yo bajándome del auto diciéndole no te vayas, alejándose levantó su manito diciendo adiós.
Nunca me llamó, pensé que se había mudado a otra ciudad y con el tiempo me enteré de la razón.
Esa misma noche que la dejé en ese lugar, el padre del niño la mató.