Hace cinco años Manolín llegó a nuestra casa. Mi pareja lo había rescatado de las manos de unos niños que llevaban mucho tiempo "bañando" al gatito. Estaba desnutrido y casi daba miedo mirar aquellos bigotes y orejas enormes, con esa pancita que suelen tener los gatos mal cuidados. Eran los tiempos de la crisis de alimentos en Venezuela, los más duros. No obstante nos las ingeniamos para devolverle la salud.
No creció mucho, y siempre tuvo esa carita de angelito. En realidad era un gato muy noble, pero no se cansaba de hacer travesuras. También era el más acérrimo enemigo de mi gata, la que siempre he tenido conmigo desde que vivo en Venezuela. Creo que en el fondo estaba enamorado de ella, pero le impresionaba lo grande de mi gata, que le triplicaba el tamaño.
Manolín era un gran cazador, en este campo árido donde vivimos no dejó de cazar toda clase de bichos que le pasaban por al lado.
Anoche, mientras nos manteníamos a oscuras por el ya acostumbrado apagón, una de las perras ladró y comenzó a arañar la tierra. Acudimos con las lámparas y enseguida pudimos ver a la culebra de hermosos colores.
Ya sabemos que mientras más hermosos y llamativos son los colores de un animal, más peligroso y letal puede ser.
Manolín no esperó a que la culebra, una coral, se defendiera atacando a nuestra perra. Atacó él primero, y salió vencedor; pero olvidó que ellas guardan su veneno en la cabeza. Hicimos todo lo posible para separarlo de la pequeña serpiente, pero Manolín, fiel a su estirpe cazadora, no abandonó la presa.
Habíamos escuchado que los gatos son inmunes al veneno de algunas serpientes. No sé en realidad cuánto hay de cierto en ello.
Lo que sí es cierto que, dado lo apartado que vivimos de cualquier centro hospitalario, y la ya habitual escasez de suero antiofídico en los hospitales de Lara, es muy probable que Manolín nos haya salvado la vida; pues la coral ya estaba muy cerca de la casa, en especial de los tanques de agua.
Supongo que el pobre reptil llegaría buscando agua en medio de esta sequía. Normalmente no matamos las serpientes que encontramos, solo tratamos de alejarlas de aquí. Pero la comunicación entre humanos y ofidios no es precisamente de las más amigables y efectivas.
Solo me queda dar infinitas gracias a mi pequeño gato cazador, que no supo comprender a tiempo el peligro de devorar a una serpiente coral.
Espero que Bastet, la diosa egipcia, tenga un lugar especial para nuestro querido Manolín.