Fue tántrico lo que hicieron nuestros cuerpos, nuestros "yoes" más recónditos se unieron sin temor.
Tu voz mezclada con el sonido de la noche y yo fundido entre tus senos, sería antinatural olvidar nuestro encuentro.
Pero lo contrario a eso sería un pasaporte directo al infierno, donde nos fundiríamos por la eternidad con el calor de nuestros besos.