El diccionario de la Real Academia Española define idolatría como la "adoración que se da a los ídolos", o también, el "amor excesivo y vehemente a alguien o algo". Siendo así, brotan entonces las preguntas: ¿amar o idolatrar?, ¿admiración o idolatría?
En el sentido llano y simple de la palabra, no puede existir la "idolatría" a menos que exista un ídolo; esa persona o cosa es el objeto de mi adoración y le tributo amor excesivo. Cuando ese ídolo por alguna razón desaparece, la sensación de vacío es indescriptible, ya que el fundamento de mi adoración, de mi amor, acaba de volverse añicos.
Esta bien amar, es sano y necesario hacerlo, pero idolatrar a algo o a alguien ha traído como resultados una sociedad materialista, consumista, miles de mujeres (y algunos hombres también) con el corazón destrozado, despechados, pues el objeto de su adoración o murió o simplemente no me corresponde con igual intensidad. Es por eso que ese tipo de "amor vehemente" lo ha reservado Dios para sí mismo de parte de todas sus criaturas.
No en vano dice en Su Palabra, en Deuteronomio 10:20 y 21, que sólo Dios debe ser el "objeto de nuestra adoración"; por supuesto, Él no engaña, no miente, no cambia, es Fiel, es Amor, es Verdadero. Poner a algo o a alguien al nivel de "ídolo" es ubicarlo en el mismísimo pedestal que únicamente debería ocupar Dios; no te confundas, Dios no es un "ídolo", Él es el objeto de nuestro amor, pero cuando a algo o a alguien le damos esa misma importancia, estamos haciendo de ellos nuestro propio "ídolo", nuestro "becerro de oro" de este tiempo.
Las cosas se usan, no se aman; las personas se aman, no se usan. No se debata mas entre amar y depender; admire, respete, ame, honre, pero nunca idolatre. Empiece a construir, a partir de este artículo, el fundamento de su autoestima en lo que Dios dice que usted es y no en la que la sociedad amante de ídolos dice que usted debe ser.
Muchas bendiciones.