A veces introduzco algún tema de nuestras antiguas propuestas del proyecto, uno de ellos era mi añorado domingo de mascotas, no tuvo el respaldo de votos adecuados para su éxito pero yo hoy lo resucitaré por un día como nuestro #hivemascotas de @acropolis, disfrútenlo como yo.
Se llama Lupita pero no tras un largo tiempo llamándola gata y posteriormente chica antes de que supiera que se quedaba conmigo, alguien se preguntará el por qué de esa forma de comunicarme con ella pero es que nuestra relación se ha basado en un lento proceso de confianza mutua, es una gatita de la calle ya crecida, su mordisco en la oreja es un indicativo de que ha sufrido una castración del servicio de control de especies de mi localidad y esa marca en la oreja no es el único síntoma de esa experiencia, por dentro también lo sufre y no se fía de las personas, por supuesto yo no soy una excepción.
Tengo dos perritos, Noel y Bobby y en mis diarios y diversos paseos con ellos la vi crecer, muy esquiva, desconfiada pero la llegada del invierno parece que hizo que entrase en la urbanización donde resido y un par de veces la volví a ver por delante de casa, un día decidí ponerle un poco de comida y se paró a comer, no volvía siempre pero poco a poco se convirtió en una costumbre hasta que por no recibir quejas de los vecinos le tuve que poner la comida dentro de casa, ahí le costó más entrar por los perros y por su desconfianza, finalmente unos días de hambre después entró y cuando terminaba se volvía a marchar hasta la tarde siguiente.
Poco a poco tras comer ya no se marchaba corriendo, curioseaba cada habitación abierta mientras los perros estaban en la terraza con las puertas cerradas (no me fiaba de ella más que por ellos), son dos tontos a los que una pareja de mirlos que rondan nuestros cielos pican cuando les ven durmiendo al sol en la terraza, esos días en los que tras comer iba curioseando y que se extendió en aproximadamente unas semanas pude abrir las puertas a los perros, estos y la gata cruzaron miradas y algún leve olisqueo, a ellos los vi asustadizos pero a la gata la vi con la cola muy alta por lo que tranquilizó, de hecho se comenzó a dejar tocar e incluso la pude coger por periodos pequeños, no es que aguantara mucho en mis brazos pero ronroneaba, ahí decidí llamarla chica y dejar lo de gata.
Una tarde tardó en marcharse, se quedaba en la terraza mirando a través del cristal, cuando entraba me la encontraba subida a mi cama, lógicamente allí sólo duermo yo por lo que probé a usar un viejo sillón al que lo vestí con un edredón y una manta para que no manchase el edredón y la cogí para dejarla allí ¿saben que ocurrió? no se movió hasta la mañana siguiente. Lo curioso es que me engañó, no es porque pensara que se quedaría definitivamente en casa, nunca creí que se quedara sin salir a sus paseos y curioseos callejeros pero esa primera mañana no quiso salir, de hecho no la vi hacer sus necesidades en ningún lado y me extrañó, esa noche volvió a dormir en casa pero de madrugada empezó a maullar para salir a la calle, me despertó y me puse negro, le abrí y a día de hoy sigo madrugando para abrirle cada mañana, ya no es de madrugada tras alguna discusión mañanera que otra, pero a eso de entre las 7 y las 8 AM está esperando y si no lo hago sólo me despierta con su irritante maullido de auxilio.
Le puse un recipiente con una tierra especial para que si necesitaba hacer alguna necesidad no se la tomara con mis macetas ni muebles, no la usa apenas pero tras unos días creo que entendió su funcionamiento, aún así hace uso de ella muy poco o nada, sale por las mañanas y al principio volvía a la hora de comer a última hora de la tarde y ya dormía, poco a poco fue volviendo antes y actualmente hay días que esta fuera unas pocas horas y como mucho a medio día ya está maullando en la puerta para entrar y pasa el día en la terraza al sol y si hace mal día duerme como si no hubiera un mañana.
Antes de acabar les contaré que nuestra relación no ha sido fácil, he tenido que ir transformando el mundo exterior que me rodea en cuanto a mis plantas y macetas, ha ido intentando hacer de cada lugar su urinario, ha intentado arañar muebles y ha intentado alguna que otra diablura, poco a poco la voy domando pero definitivamente es una gata salvaje. Por cierto, hará un mes decidí ponerle un nombre, Lupita, ya se que a pesar de sus fugas diarias siempre vuelve al calor de la cama y al olor de su comida, un personaje sin duda.
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