Continuo este dedicatorio a mis queridas mascotas, no por ser mías ya que traeré las de mi familia y amigos, continuo mi añorado domingo de mascotas, y continuo dando vida a las semanas de @acropolis, hoy les traigo la prueba de que no hay enemigos naturales sino prejuicios y una mala educación animal.
Las cosas no se dan por sabidas ni por satisfechas hasta que no se comprueban por uno mismo, en tema animal el mundo está lleno de sorpresas y cuando te digan que es imposible que un gato no nacido en casa y ya crecido se amañe en un hogar donde ya residen previamente otros animales de compañía y en concreto perros, no te lo creas, hay que darles una oportunidad y descubrir si el carácter de unos y otros es compatible.
Un gato callejero tiene ciertos prejuicios sobre su mal entendida cautividad en un hogar humano, pero la confianza es básica a la hora de ganarse a un animal que acude a tu puerta en busca de alimento, en una sociedad moderna está mal visto alimentar animales en la calle porque se tiene la seguridad de que puedes acabar de invadir el lugar con otros tantos ejemplares que vendrán poco a poco acompañando al primer sujeto, de ahí que es fundamental alimentarlo en el interior de tu domicilio, el principal problema es decidir si quieres que termine como un miembro más de la manada pero una vez asumido de que no te importa hay que dar pasos muy pequeños hasta conseguir que sólo avance de la puerta de entrada al interior de mi hogar.
Conseguir que hiciera su primer almuerzo dentro de casa supuso semanas de pequeños puñados de pienso en el pasillo de entrada a la casa, y que los perros se asomaran a la puerta mientras esta intentaba comer con los nervios de por medio, pero llegó el día de poner ese pequeño puñado de pienso de puertas para dentro, con los perros sueltos no había opción por lo que comenzó unos días de encierro canino mientras la gata pensaba si entraba y comía, tras un par de errores e indecisiones aceptó entrar y así fue adaptándose a comer dentro aunque manteniendo la puerta de la calle abierta para que cogiese confianza a lo que hacía.
Conseguir que aceptase la presencia de los perros no fue tarea sencilla y ese paso se produjo curiosamente fuera de casa más que dentro, en el proceso de alimentarla se cruzaban mis salidas con los perros a pasear, a la salida o entrada de dichos paseos solían encontrarse en el camino o cerca de la puerta de entrada a casa y aunque al principio se escuchaban los soplidos de miedo de la gata y la curiosidad de los perros en ella poco a poco se fueron acostumbrando a verse y un día en ese proceso de almuerzo dentro de casa se produjo el encuentro de puertas abiertas para todos, respeto y miradas lejanas fue la característica común durante los primeros días de puertas abiertas, no fue hasta que la gata no se fue de casa tras comer que poco a poco hubo cierto acercamiento entre los tres.
No se exactamente cual fue ese proceso completo de adaptación a casa, me refiero al de que no sólo comiera y se acostumbrara a la presencia de los perros y viceversa, sino a que incluso no se fuera tras comer y se quedara a dormir en casa, unos meses que aproximadamente comprenden tres o cuatro, aún hoy día aunque ya no duerme nunca en la calle sigue pidiendo salir y se pierde por horas, aún así ya hay una completa adaptación de la manada y aunque mantienen las distancias en casa hay ocasiones en los que no se separan y permanecen en muy pocos metros cuadrados.
Creo que aunque la adaptación es cosa animal el carácter del ser humano es importante y la calma y paciencia es la llamada madre de la ciencia, mi interacción con ellos durante el proceso fue mínima, me mantuve todo lo que pude al margen de sus acciones, comía sola sin que le prestara atención y en su investigación de cada rincón de casa tuvo total libertad para que sintiera esos rincones como suyos. Hubo que corregir un par de comienzos maniáticos en cuanto a que quiso invadir rápido el sofá o mi propia cama, le busqué un lugar para que lo entendiera como libre de uso para dormir o campar a sus anchas y algún regaño se llevó los primeros días y a cambio he conseguido que respete mi espacio mientras yo respeto los suyos. Creoq ue es posible cambiar la mentalidad de que perros y gatos no puedan convivir así no hayan llegado de cachorros o hayan nacido en casa, reto conseguido.
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