Agua de luna / Moon water

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Florecido día apreciada comunidad de Hive


Peligra la luna. La ambición de conquistar y poblar el satélite terrestre nos pone ante
el dilema de una nueva devastación, esta vez desde ese recóndito rincón vinculado
con las más preciadas fantasías de la civilización humana

El hombre siempre ha visto a la luna con fascinación infantil. No es para menos. Ha estado allí siempre, desde que la especie adquirió conciencia de su capacidad de doblegar a la naturaleza, y ha permanecido para recrearnos en sus extensísimas posibilidades, bien como Dios celeste, bien como misterio indomable, bien como motivo de inspiración y mejor aún, como madre de todas las mareas y de todos los locos.


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Desde que nos hicimos civilización la luna nos brindó sus oscilaciones para que le diéramos ritmo a nuestros ciclos. El tiempo de la siembra, de la cosecha, de la vendimia, de las pleamares y bajamares en alianza con el sol, para desembocar afortunadamente en las bacanales y todas las representaciones simbólicas del desenfreno y la lujuria al amparo de la luz de la luna, siempre cómplice del sexo y toda clase de exaltaciones del gozo.

Lo mejor es el lado oscuro de la luna: el mayor de los misterios. ¿Qué nos espera más allá de su cara visible? ¿Cuántos monstruos alados ladearán sus colinas? ¿Qué rostro le ofrecerá al observador si la luna ha sido siempre nuestra guía natural, nuestro camino y la convicción de que por cada cara hay un reverso?

La luna del miedo a los lobos, a los vampiros, a las brujas, al misterio de las noches sin luna que amparan los excesos y el extravío, así como las muertes inenarrables que se esconden bajo el manto de la oscuridad para ocultar su indecencia. Es la misma luna de las mejores serenatas y finalmente testigo silente de casi todas las pasiones. ¿Quién no ha ofrecido la luna como último recurso de enamorado?


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La luna inmensa que es la luna llena, la misma luna del cine. Como la luna de Méliès con su espectáculo rudimentario de naves invasoras violentando el suelo lunar, alunizando. Como la Teta y la luna, la película de Bigas Luna, un film escatológico de amantes y circo como los más prometedores romances primitivos.

Ninguna luna, sin embargo, es tan sublime como la de un poeta, que es casi decir la luna de un loco. Mario Benedetti y su Hombre que mira la luna. Y los que le cantan a la luna, como cuando Simón Díaz murmura “la luna me está mirando, yo no sé lo que me ve”.

La luna como inspiración, hechizo, espejo y sueño. Con sus mares y océanos aparentemente sin una sola gota de agua pero con nombres homéricos: Mar de Crisis, Mar de la Serenidad, Mar de la Fecundidad, Mar de Néctar, Mar de la Tranquilidad, Océano de las Tempestades.

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Uno de los grandes poetas del siglo XIX, Mallarmé, tuvo la desfachatez de declararse enemigo de la luna y hasta buscó los medios para destruirla, suponemos que a través de la palabra. El astro lo irritaba, lo obsesionaba, con su cara llorosa, su aspecto de viuda inconsolable, su triste faz anémica y su luz amarilla, siempre igual, decía. Era comprensible el odio de Mallarmé porque la luna ha llegado a ser también inspiración para cualquier poetastro o poetilla, que cree que alabando a la luna tiene ganado el cielo de los rapsodas

Malaya el día en que el hombre pisó la luna. Todos supimos con dolor, que la luna no es de queso ni pan de horno, sino un amasijo de metales y urdimbres bastante similares a los de la tierra, pero seca como un desierto en verano cuando Neil Armstrong dijo, posando sus botas gringas sobre una árida dehesa del suelo lunar, que se trataba de un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad.

Y así creíamos todos hasta un día de estos, cuando la prensa del mundo recogió la novedad: hay agua en la luna, en un territorio invisible a la mirada frívola y a pocos metros de la superficie. El agua con todo y su H2O, vital para la subsistencia humana, apetecible para todos los anhelos de conquista de los invasores que han hollado desde siempre cualquier palmo de territorio que garantice la perpetuidad humana, así sea fuera de la tierra.

Me pregunto: luego de que hayamos conquistado sus mares y se nos haga visible el lado oscuro de la luna, y detonemos sus vastas extensiones para hacer manar el vital líquido, y nos dé por incrustar tuberías en sus laderas y hacerlas llegar hasta las colonias humanas invasoras y comience el estropicio de sus montañas y de sus valles y de sus paisajes vedados para el hombre hasta ahora que hay agua en la luna, y nos provoque bañarnos en agua y sangre mientras conquistamos los continentes de la luna y acabamos con la luna... ¿quién va a estirar su mirada hacia el cielo para ver si hay luna llena y aullarle un quejido y escribirle un poema, si no hay luna sino un planeta azul, triste y acabado, desde donde una vez todos soñamos con la luna?

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Luna llena

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#ENG

Blossomed day cherished community of Hive

The moon is in danger. The ambition to conquer and populate the earth's satellite puts us before the the dilemma of a new devastation, this time from that remote corner linked to the most cherished fantasies of human civilization. with the most cherished fantasies of human civilization.Man has always viewed the moon with childlike fascination. No wonder. It has always been there, ever since the species became aware of its capacity to bend nature, and it has remained there to recreate us in its vast possibilities, either as a celestial God, or as an indomitable mystery, or as a source of inspiration, and better still, as the mother of all tides and of all madmen.
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Since we became civilization, the moon offered us its oscillations so that we could give rhythm to our cycles. The time of the sowing, of the harvest, of the grape harvest, of the high and low tides in alliance with the sun, to end up fortunately in the bacchanals and all the symbolic representations of debauchery and lust under the moonlight, always an accomplice of sex and all kinds of exaltations of joy.

The best is the dark side of the moon: the greatest of all mysteries. What awaits us beyond its visible face? How many winged monsters will its hills be tilted? What face will it offer to the observer if the moon has always been our natural guide, our path and the conviction that for every face there is a reverse side?

The moon of the fear of wolves, of vampires, of witches, of the mystery of moonless nights that shelter excesses and misdirection, as well as unspeakable deaths that hide under the cloak of darkness to conceal their indecency. It is the same moon of the best serenades and finally silent witness of almost all passions. Who has not offered the moon as the last resort of a lover?


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The immense moon that is the full moon, the same moon of the cinema. Like Méliès' moon with its rudimentary spectacle of invading ships violating the lunar soil, landing on the moon. Like the Teta y la luna, Bigas Luna's film, a scatological film of lovers and circus like the most promising primitive romances.

No moon, however, is as sublime as that of a poet, which is almost to say the moon of a madman. Mario Benedetti and his Man who looks at the moon. And those who sing to the moon, as when Simón Díaz murmurs "the moon is looking at me, I don't know what it sees in me".

The moon as inspiration, spell, mirror and dream. With its seas and oceans apparently without a single drop of water but with Homeric names: Sea of Crisis, Sea of Serenity, Sea of Fecundity, Sea of Nectar, Sea of Tranquility, Ocean of Tempests.

One of the great poets of the 19th century, Mallarmé, had the audacity to declare himself an enemy of the moon and even sought the means to destroy it, we suppose through words. The star irritated him, obsessed him, with its weeping face, its aspect of inconsolable widow, its sad anemic face and its yellow light, always the same, he said. Mallarmé's hatred was understandable because the moon has also become an inspiration for any poet or poetess, who believes that by praising the moon he has won the heaven of the rhapsodists.

Malaya the day man stepped on the moon. We all knew with pain, that the moon is not made of cheese or baked bread, but a jumble of metals and warps quite similar to those of the earth, but dry as a desert in summer when Neil Armstrong said, landing his gringo boots on an arid pasture of the lunar soil, that it was a small step for a man and a great leap for mankind.
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And so we all believed until one of these days, when the world press picked up the news: there is water on the moon, in a territory invisible to the frivolous eye and a few meters from the surface. Water with all its H2O, vital for human subsistence, appetizing for all the longings of conquest of the invaders who have always trampled any inch of territory that guarantees human perpetuity, even if it is outside the earth.

I wonder: after we have conquered its seas and the dark side of the moon becomes visible to us, and we detonate its vast extensions to make the vital liquid flow, and we start to embed pipes in its slopes and make them reach the invading human colonies and begin the spoiling of its mountains and its valleys and its landscapes forbidden to man until now that there is water in the moon, and it provokes us to bathe in water and blood while we conquer the continents of the moon and end the moon. .. who is going to stretch his gaze towards the sky to see if there is a full moon and howl a moan and write a poem to it, if there is no moon but a blue planet, sad and finished, from where once we all dreamed of the moon?

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