What happened to honesty? - Eng & Spa

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Photo by Giu Vicente on Unsplash

What happened to honesty?

A couple of years ago I imparted several workshops on personal development, life vision, financial freedom, and values to the salespeople of a major construction company in Monterrey, Mexico. They were very fun and productive days too, however, in one of the last sessions of that month something curious happened. Today I would like to share it with you so that we can reflect on it together.

During that session I passed out 10 of my good quality German brand colored markers for the participants to write their names on their badges. During the four hours of that workshop, people were very participatory. When the time came to close the workshop - since the vendors had to return to their duties - I kindly asked them to pass the markers to the front, however only nine arrived. As people gathered their belongings and I collected mine, I reminded them a couple of times that I was missing the red marker. I suggested that perhaps it had fallen under a seat. I searched the conference room up and down but also my own bags - in case I had inadvertently put it away myself, but it never turned up. Well, to make a long story short, the marker never showed up and I went back to my office with a bitter taste in my mouth.

What happened to the marker? Was it easy for the person to succumb to the temptation or did he/she take it by accident? What do I know! What worries me is not the marker but what that fact potentially means. What will that person do one day if the opportunity arises to defraud a customer or his/her own company? Am I exaggerating? I don't know, but the words of Jesus come to mind when he said: The one who is faithful in a very little thing is also faithful in much, and the one who is unrighteous in a very little thing is also unrighteous in much. Luke 16:10, NASB

The cynics might say: “everyone does it” or “how much is a little bit?” To which I say that it is not about the amount but about the principle, the violation of trust, and the damage or inconvenience that is inflicted on someone. I know I shouldn't and can't generalize and I don't think that all the salespeople of that construction company are dishonest, but that day at least one was. Someone, consciously, with treachery and advantage, stole a measly marker.

I don't mean to be self-righteous, however, dishonesty has disastrous consequences, and many people suffer because of it. According to Milenio Corruption costed Mexico more than 12 billion pesos in 2019! Can you imagine the impact that dishonesty has on our families, neighborhoods, businesses, our jobs, and our public servants?

We cannot change anyone - we can only change ourselves. Many times telling and acting with the truth will cost us and it will be painful, but if we want to live in peace and prosperity then it is necessary to break the evil circle of corruption. I recommend starting with our personal habits. The student must stop cheating on exams, we must reject bribery, the businessman must stop cheating on billing, and salespeople must buy their own markers.

Is it utopian of me to think like this? It may be, however, I think we have no other way out unless we want to consume each other. I am convinced that before making demands on others (government officials, neighbors, relatives, colleagues, etc.) we must challenge ourselves. Living in the truth is healthy as living in the truth – albeit sometimes painful – will foster trust, security, productivity, and overall quality of life. We all are part of our society, and we all must pull together. Change does not start from above or with others but with oneself.


¿Qué pasó con la honestidad?

Hace un par de años impartí varios talleres de desarrollo personal, visión de vida, libertad financiera y valores a los vendedores de una importante constructora de Monterrey, México. Fueron días muy divertidos y productivos también, sin embargo en una de las últimas sesiones de ese mes sucedió algo curioso. Hoy quisiera compartirlo con ustedes para que juntos reflexionemos al respecto.

Durante esa sesión pasé 10 marcadores de colores de marca alemana, de buena calidad para que los participantes escribieran sus nombre en sus gafetes. Durante las cuatro horas de ese taller la gente estuvo muy participativa. Cuando llego el momento de darle cierre al taller - ya que los vendedores tenían que volver a sus labores - les pedí amablemente que pasaran los marcadores hacía el frente, sin embargo solo llegaron nueve. Mientras la gente recogía sus pertenencias y yo las mías, les recordé un par de veces que me faltaba el marcador rojo. Sugerí que quizá había caído debajo de un asiento. Yo revisé de pies a cabeza el salón de conferencias y también mi mochila - en caso de que yo mismo lo hubíera guardado sin darme cuenta. Bueno, para hacer la historia corta, el marcador nunca apareció y yo me fui a mi oficina con un amargo sabor de boca.

¿Qué sucedió con el marcador? ¿Se le hizo fácil a la persona sucumbir ante la tentación o se lo llevó sin querer queriendo? ¡Que sé yo! Lo que me preocupa no es el marcador sino lo que potencialmente ese hecho significa. ¿Qué hará esa persona si algún día se le presente la oportunidad de defraudar a un cliente o a su propia compañía? ¿Estoy exagerando? No lo sé, pero se me viene a la mente las palabras de Jesús cuando dijo: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Lucas 16:10, RVR 1960

Los cínicos dirán: “todo mundo lo hace” o “¿qué tanto es tantito?” A lo cual yo digo que no se trata de la cantidad sino del principio, de la violación de la confianza y de el daño o inconveniente que se le inflige a alguien. Sé que no debo ni puedo generalizar y pensar que todos los vendedores de dicha constructora son deshonestos, pero ese día por lo menos uno lo fue. Alguien, conscientemente, con alevosía y ventaja se robo un misero marcador.

No me doy baños de pureza, sin embargo la deshonestidad tiene consecuencias desastrosas y mucha gente sufre debido a ella. ¡Según Milenio la corrupción le costó a México más de 12 mil millones de pesos en el 2019! ¿Se pueden imaginar el impacto que la deshonestidad tiene en nuestras familias, barrios, negocios, nuestros trabajos y en nuestros servidores públicos?

No podemos cambiar a nadie - únicamente podemos cambiarnos a nosotros mismos. Muchas veces decir y actuar con la verdad nos costará y será doloroso, pero si queremos vivir en paz y prosperamente entonces es necesario romper el círculo maligno de la corrupción. Yo recomiendo comenzar con nuestros hábitos personales. El estudiante debe dejar de copiarse en los exámenes, debemos renunciar al cohecho, el hombre de negocios debe dejar de estafar en la facturación y vendedores deben comprar sus propios marcadores.

¿Es utópico de mi parte pensar así? Puede ser, sin embargo creo que no nos queda otra salida, a menos que queramos consumirnos mutuamente. Estoy convencido de que antes de exigir a los demás (gobernantes, vecinos, familiares, compañeros, etc.) hay que exigirnos a nosotros mismos. Vivir en la verdad es sano ya que vivir en la verdad – aunque en ocasiones doloroso – fomentará la confianza, la seguridad, productividad y la calidad de vida en general. La sociedad la componemos todos y todos juntos debemos tirar parejo. El cambio no comienza desde arriba o con los otros sino con uno mismo.

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