Caminos verdes, ¿Último suspiro del venezolano?

Venezuela ilegal

La Venezuela que transcurre se mueve entre atajos y laberintos. Todas las gestiones públicas y privadas están sujetas a una variable de incertidumbre que pocos son capaces de descifrar. ¿A cuánto está el dólar?, ¿Cuánto hay pa' eso?, ¿Con quién es que hay que hablar? Estas son solo algunas preguntas de la cotidianidad.

El venezolano de hoy día tiene una calculadora en la mente que no se paraliza ni un minuto; todos preguntan en bolívares, transforman a dólares y a partir de esa ecuación es que se toman las decisiones. Igual pasa con las gestiones públicas. Un valor tiene el trámite, luego se pregunta por el tiempo que tardará y después se pregunta con quién hay que hablar para no esperar o para que realmente salga un papel. Esa otra gestión también tiene un precio mucho más elevado que el de la legalidad.

Por estos días, los caminos verdes se convirtieron en la ruta más expedita para conseguir los objetivos. Las rutas principales cada vez están más desoladas. Hoy, es común y necesario buscar en los laberintos de la economía informal todo lo básico: comida, medicinas, ropa, equipos, repuestos y cuánta cosa se necesite para vivir decentemente.

Mientras tanto, la realidad social es cada vez más dramática. Los últimos datos revelados por las universidades venezolanas a través de la Encuesta de Condiciones de Vida, Encovi, dan cuenta del empobrecimiento progresivo de la población, evidencian la incapacidad que un papá y una mamá experimentan todos los días para dar de comer a sus hijos.
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Caminos que matan

El famoso "bachaqueo" es una demostración clara de lo dañino que resultan los caminos verdes. Vender y revender alimentos sin control ni escrúpulo es una consecuencia de las distorsiones de la economía, pero también es una forma de matar de hambre a los más vulnerables. Es la explotación del pobre por el pobre.

En este contexto de país, el Gobierno es el principal promotor de los caminos verdes, porque todo lo controla y obliga a los otros a buscar maneras de sobrevivir. Empresarios, productores, consumidores, funcionarios públicos; todos han mirado pa' los laos a ver que consiguen en ausencia de un Estado fuerte y apegado a la legalidad.

¿Hay luz al final del túnel?

Más allá de una frase repetida y romántica, la pregunta da pie a mil consideraciones políticas. Sin duda, sí existe luz al final del túnel.

Hay luz porque hay vida, porque mientras haya gente consciente, hay esperanza de cambiar el desastre. Los ajustes técnicos de la económica son fáciles de implementar, pero debe haber conciencia colectiva para aceptar y acompañar. Regresar de los caminos verdes a las rutas principales es perfectamente posible. Regresar del desastre es altamente factible.

La urgencia es que no sea esta forma de vivir la que impere para el futuro, que no sea este el último suspiro del venezolano.

Pd: La voluntad política es el principal requisito, pero la voluntad ciudadana de cambiar es aún más necesaria.

Texto: Héctor Ignacio Escandell | @hescandell

Foto: Héctor Ignacio Escandell

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