Azúcar la tortuga de mi hijo se queja algunas mañanas al despertar del peso que lleva en su espalda que es aproximadamente 2 kilos, los cocodrilos y todos los peces de aguas de esas aguas le observan y sonríen cuando cambia de actitud y se olvida de su caparazón, expresa su buen humor e insistentemente pronuncia :
¡Gruuu Gruuu!
Esa es su manera de mostrar que está contenta
A Francisco le gusta ir todas las tardes al río se queda horas observando los movimientos de los animales. Descifra sus lenguajes, sobre todo el de azúcar,
le parece exrraño e interesante.
¡Que increíble es azúcar mamá apunta Francisco, es diferente a los otros, tiene
bigotes como un gato, patas de gallina, sólo que en vez de 2 tiene 5, tres delanteras y dos traseras, una gran concha como de tortuga o morrocoy, pero
volteada y de color violeta. Su cabeza es parecida a la de una foca, en el inmenso plato hondo de su espalda, se montan los peces pequeños.
Creo que lo ven como su Salvador, cuando se cansa alza sus tres patas delantera, los baja, luego sale del pozo y camina por la arena.
Nunca lo he visto ¿será que sólo tú puedes verlo? Le pregunto, no lo sé mamá me responde, porque mis dos amiguitos también lo ven, pero le lanzan sus anzuelos y el estira su concha e introduce su cabeza y se convierte en una bola. Creo que sabe que son armas para atraparlo por eso se protege.
El otro día Francisco se dirigió al río con su madre y no lograron verlo, esperaron un buen rato hasta que está apareciera, y no lo hizo. su madre se fue y Francisco se quedó, sabía que de un momento a otro aparecería, y así fue.
Staba arriba de un árbol.
El niño comprendió que él no quería ser visto por otra persona, y como no bajo del árbol, se marchó a su casa.
Esa noche hubo una tormenta espantosa, soplaba el viento y la lluvia azotaba las ramas.
Francisco no pudo dormir, pensaba en azúcar, quería ir a rescatarla, pero era peligroso, lloró mucho, el siguiente día antes de irse al colegio se dirigió al río. El gran pozo estaba muy sucio, todo desbordado. Desesperado la buscó alrededor y no la encontró. Muy triste se marchó a su hogar, de repente, a la orilla del camino la miro y le dijo:
¡Que alegría estás viva!
Azúcar lo condujo hasta un árbol y empezó a escarbar sus raíces, extrajo de allí unos anzuelos, Francisco muy sorprendido no lo podía creer ,los tomó en sus manos. El animal lo miró, de sus ojos salieron muchas lágrimas y se alejó hacia el río.
Al niño le surgió una idea, recordó un cuento maravilloso que su madre le narrara cuando era más pequeño hablaba, de una casa y un árbol frondoso, por lo que aceleró el paso hasta su hogar. Alli tomo su arcilla, la amaso con un poco de agua, formó unas bolitas e introdujo en cada una de ellas un anzuelo.
espero a que scaran, les puso color y las colgó en una rama seca.
Tomo un pedazo de cartón grueso, coloco allí la casita que una vez realizara con paletas de helado, al lado situó la rama con las bolitas. Dibujo a su animal preferido en una cartulina morada, lo recortó y lo colocó apoyado en ese pequeño árbol. Llamó a su obra Azúcar y la casa de barro.