« ¡Mira el anillo que compró! ¡Nos vamos a casar Sara! ¡Compramos una casa! Estúpida… si tan solo viera como su marido jadea cuando se acuesta conmigo.»
¿Ya te vas?
Si. Tengo cosas que hacer. Gracias por todo.
Cuando quieras Sara.
Al salir de la habitación Sara tomó su bolso y su abrigo de piel.
Perfecto…
Revisó una vez más la pequeña cámara fotográfica que había ocultado en la habitación y vio cada una de las fotografías «Que asco» pensó mientras veía su propio cuerpo ser penetrado por Robert, el esposo de su mejor amiga.
¿Julia?
Si Sara ¿Qué ocurre? Te escucho rara.
Debemos hablar, estuve en tu casa esta mañana y… presencie algo horrible.
¡No puede ser! Te veo en el sitio habitual en veinte.
Al otro lado del teléfono la llamada se había cortado. «Perfecto» pensó Sara «Ahora solo las edito un poco y se las muestro a Julia.» Guardo la cámara fotográfica y cruzo la calle hasta su propia vivienda. Sara y Julia eran amigas desde niñas, o eso creía la segunda. Lo cierto es que Sara nunca la soportó, siempre la veía tan feliz, tan llena de vida y ella mientras tanto se sentía siempre abrumada por las cosas que ocurrían a su alrededor «repugnante…» pensaba al recordar aquellos momentos.
Perfecto…
Había hecho bien en haber tomado aquellos cursos de edición digital. En cuestión de diez minutos corto su rostro y colocó el de otra chica cualquiera sacada de internet. Aplicó máscaras, un filtro, ajustes de color y estaba listo. El montaje mejor hecho de su vida.
Ya quiero ver su rostro.
Desde niñas se habían criado juntas. Sus padres, estuvieron en la preparatoria juntos y desde entonces se habían hecho inseparables. Para cosa de ambos, sus matrimonios habían resultado casi a la par y del fruto de estos amores nacieron dos pequeñas, sin embargo, el caso de Sara había sido más especial, su nacimiento casi le cuesta la vida, pero en vez de eso había tomado la vida de quien pudo ser su hermana. El doctor solo puedo sacar un cuerpo del útero de su madre, el otro en cambio Salió de allí vuelto pedazos y a través de un tubo.
¡Estoy en camino! ¡Nos vemos en cinco!
Al teléfono Julia parecía muy alterada, si ya estaba de esa manera no quería ni imaginar su rostro cuando viera aquello, pensarlo le causaba risa pero sabía que debía controlarse y mantenerse serena o su plan se iría en picada.
¡Hola Julia!
Tan solo entrar al establecimiento vio a su amiga sentada al fondo. Su expresión no lucia bien y Sara no podía contener la risa. Caminó rápidamente y tras un beso en la mejilla se sentó para conversar lo sucedido.
¿Y? ¿Qué ocurre? ¿Qué es tan importante?
Sara la miró fijamente unos minutos.
Julia…
¡Dime de una buena vez mujer!
Julia se impacientaba. Sara, en cambio, hacía tiempo solo para crear mayor tensión entre ambas. Dentro de unos minutos aquel matrimonio llegaría su final y no tendría que ver aquella estúpida cara risueña que tanto asco le causaba.
Tú marido Julia, te es infiel.
¡¿Qué?!
Lo descubrí en tu propia casa, fornicando con una desconocida.
…
El rostro de Julia se había palidecido. Las palabras le habían golpeado como un yunque sobre su cabeza y Sara intentaba mantener la calma, por dentro moría de ganas de estallar en risas pero debía controlarse, si tan solo sonreía dañaría todo lo que planeó por tanto tiempo.
No puede ser verdad…
Lo lamento Julia pero es cierto… cuando entre a la casa escuche unos ruidos extraños. En primer momento pensé que sería un ladrón pero cuando sube a la segunda planta y vi la puerta de tu habitación abierta pensé mal. Entonces saque el celular y me preparé con la cámara para fotografiar alguna cosa comprometedora.
Ese infeliz…
Estaba hecho, el rostro de Julia no podía ser más perfecto, una mezcla de ira, miedo y dolor se evidenciaba en la mirada perdida que se enmarcaba en sus ojos. Ahora solo quedaba mostrar las imágenes y adiós matrimonio, adiós final feliz, adiós chica risueña.
Aquí traje mi celular, tengo las ima...
Ha ha ha ha ha… no puedo creer que el...
¿Qué cosa?
« ¿Por qué se ríe? No entiendo…» Pensó Sara al ver la reacción un tanto extraña de su amiga. Ni siquiera le había dado oportunidad de mostrar la fotografía.
Sara me conoces… ¿De verdad crees que no me doy cuenta de las cosas que hace mi marido?
Esas palabras le habían golpeado. « ¿No le importa?» Pensó mientras su rostro se blanqueaba y palidecía al escuchar todo aquello.
¡¿Pero no te importa Julia?!
¡Que si me importa Sara! Pero desde un principio este matrimonio estuvo lleno de inconformidades. Nunca te lo conté pero fue obra de mi padre que me casara con Robert.
¿Y por qué harías eso?
Intereses. La familia de Robert como viste en aquel verano que fuimos a las costas, es una familia muy adinerada. Yo no quería casarme pero cuando vi los autos, cuando compró la casa y te ayude a conseguir la tuyo justo en frente y obtuve las cosas materiales que más quería supe que podría aguantar todo esto. Además… aquí entre nos... yo también le he sido infiel.
No podía creerlo. Sara estaba boquiabierta escuchando aquel relato. «Es una maldita zorra.» Pensar que había planeado tanto para nada, pensar que tuvo que darle su cuerpo unas muchas veces al marido de su amiga para conseguir una oportunidad de arruinar ese matrimonio, todo para nada.
¡Julia por los clavos de cristo!
¿Qué? Tampoco soy tan estúpida como muchos piensan. Desde que Robert y yo nos casamos siempre me llamo la atención su mejor amigo, Tulio, pero ya sabes, no se cotillea con el mejor amigo de nadie. Sin embargo, hace un mes atrás comencé a darme cuenta de lo que ocurría y pues, decidí hacer lo mismo. Lo que es igual no es trampa y creo que es la mejor decisión que he tomado, Tulio es un cariño de persona.
Pero y… ¿Qué pasara con tu matrimonio?
Se acabara. ¿Qué puedo hacer? A fin de cuentas no me preocupa… Los bienes están divididos. Me duele pensar que gaste tanto tiempo en esto para terminar así, pero, ¡Que importa! Podré sobrevivir con lo que deje el divorcio.
Sara estaba anonadada, no podía contener lo que ahora era odio hacia esa mujer. «Tanto para nada… tanto para nada.» Su plan estaba arruinado. Aquella mujer lo había hecho otra vez. « ¿Cómo alguien le puede importar tan poco una infidelidad así? Es una perra, una maldita perra.»
Bueno amiga… siempre estaré allí para ayudarte en lo que necesites.
Estaba llena de ira pero Sara tenía que continuar siendo la amiga perfecta de Julia. Ahora no tenía idea de que hacer y tenía que pensar en algo.
¡Oiga cuidado!
En la calle, un hombre grito justo cuando casi era arrollado por un automóvil.
Que peligro hay en esta sociedad…
Si…
Sara aun miraba por la ventana del restaurant y una macabra idea se le había ocurrido « ¿Sería un accidente? Si… eso seria.» Fue entonces cuando la única solución pasaba por su mente. Una solución que apagaría por siempre la luz en el rostro de Julia.
¿Te apetece caminar un poco Julia? Así vamos a mi casa y conversamos un poco mejor todo esto.
¡Claro! Tengo tiempo libre y… aquí entre nos, el nuevo mesero del restaurant no me da buena espina. Salgamos de aquí.
Caminaron unas cuentas avenidas y pasaron por el parque mientras conversaban temas triviales, Sara observaba alrededor. «Un semáforo en verde… donde… » Las calles estaban concurridas y era la oportunidad perfecta, tenía que estar atenta.
Ten mi bolso… voy a comprar algo en esta tienda.
Está bien.
Sara seguía mirando alrededor. Podía ser cualquier lugar, se estaba acercando la hora pico y los automóviles comenzaban a estar más movidos a esa hora.
Señora ¿Me da una limosna?
Un niño se acercó y estiro su brazo para pedir dinero a Sara. En ese momento se le ocurrió una idea y sonrió al niño que la observaba extrañado.
¡Julia! ¡Julia!
Sara entró apresuradamente a la tienda, no llevaba nada en sus manos.
¡¿Qué ocurre?!
¡Me han robado! ¡Corre que es solo un niño!
¡Mi bolso!
Ambas salieron pitando de la tienda y Julia observaba en ambas direcciones de la tienda.
¡¿Por dónde se fue Sara?!
¡Por allá!
¡Espera! ¡Policía! ¡Un ladrón!
Al final de la calle el pequeño llevaba en su brazo los bolsos que muy cariñosamente una mujer le había regalado. Giro la vista y vio la silueta de personas que corrían en su dirección.
¡Alto ladrón!
El niño se sorprendido al ver aquella jauría de personas y asustado corrió rápidamente atravesando las calles de la ciudad.
¡Corre Julia alcánzalo!
¡Alto!
El niño cruzo la cuarta avenida y tropezó a mitad de la calle. El bolso de Julia cayó al suelo y el niño prefirió dejarlo allí y continuar corriendo, temía por que aquellas personas le golpearan o incluso peor encarcelaran por algo que para él, le habían regalado muy amablemente.
¡Mi bolso!
En ese preciso momento Julia cruzaba la calle. Rápidamente la brisa cambiaba de rumbo y con ella el semáforo pasaba de un rojo incandescente a un muy lleno de vida verde.
¡Julia!
Todo había sido muy rápido. Los autos acelerando, Julia tomando su bolso en el centro de la carretera y el golpe seco y frio del parachoques de una minivan plateada.
¡No! ¡Julia!
Sara corrió lo más rápido que pudo. Julia tendida en el suelo apenas y podía respirar forzosamente. Su pierna hecha añicos y de su cabeza chorros y chorros de sangre caliente y espesa brotaban de su ser. Las miradas curiosas se asomaban y a lo lejos ya se escuchaba el pitido de una ambulancia.
¡Julia! ¡No puede ser!
Sara se agacho e intento levantar a su compañera solo un poco. Sus manos se mancharon de sangre y Julia, le miraba fijamente a los ojos mientras movía su mano derecha para tocar el rostro de su amiga.
Sa… Sara.
No hables Julia…
Amiga…
Sara la abrazo fuertemente y temblaba mientras lloraba por la tragedia que acontecía ese momento mientras lentamente fue acercando su rostro al de ella y posando su boca cerca de su oído. Apenas un susurro que solo podía escuchar Julia se hacía presente.
Amigas… amigas… eres una ilusa… una maldita perra.
Julia abría sus ojos y en su agonía y dolor se encontraba sorprendida por todo lo que escuchaba. No podía creerlo.
Tantos años viéndote ser la hija perfecta, la mujer más quería y la esposa ideal. Me das asco… siempre me diste asco.
Mírate ahora ¿Qué harás? ¿Morir? Es lo mejor, la basura como tu merece eso. Inmunda… cerda…
En el interior de su ser Sara reía, era una victoria para ella, se sentía realizada por todo aquello. Aunque el plan no había resultado como esperaba logro un cometido aún mejor, en vez de matarla por dentro había conseguido borrarla de este mundo. Solo era cuestión de minutos para que aquello se volviera realidad.
Sa… sa…
Duerme de una vez Julia… ya has hecho bastante con existir durante tanto tiempo.
Sara coloco el cuerpo frágil y ya un tanto frio de Julia en el suelo, se levantó y vio como la ambulancia ya se encontraba en el lugar. «Muy tarde…» pensó mientras miraba a los ojos a Julia.
Por favor todos despejen el lugar. Necesitamos atender a la ciudadana.
Sara camino entre las personas, cruzo la calle, atravesó la cuarta avenida y sintió la brisa fría del atardecer tocar su piel. Se sentía viva, liberada. Pero desde ese momento algo paso en su interior. Las muchas personas que de alguna u otra forma le parecían seres despreciables iban a tener que sufrir un poco o padecer el mismo destino de aquella a la que alguna vez llamo “amiga. .
La historia es completamente de mi autoría, y es parte de una serie de 7 Historias. Te invito a leerlas:
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