No la quiero caminar.
como el díscolo niño que tira del brazo
de su madre, en resistencia,
asi me niego andarle.
Es que eso que muestra:
sus olores, voces y figuras
son el leviatan de mi animosidad.
Hay otra que permanece.
Yo, ya te he visto,
te he paseado,
tal como te pensaba, eres,
no hoy, ayer.
De ahí que desee ese ayer tuyo.
Sin nostalgias de domingos por la tarde.
Vivirte hoy,
como el primer día cuando tu río vi.
Mi frente, pegada a la ventana del auto,
grababa en fotograma tus paisajísticas formas.
El río y el mar configuran tu esencia,
por eso tus formas siempre estarán
para las hechuras arbitrarias de sus aguas.
Nuevas cabezadas y marejadas vendrán
para volverte la ciudad que siempre eres.
Y yo, con una cola de cigarrillo fumado en una mano
y con la otra extendida, espero.