Hace algunos días realicé una visita emocionante en todos los sentidos a un pueblo de la costa venezolana, todo fue muy rápido, los días se juntaron y simplemente abordé el carro que me llevaría al encuentro con un paisaje bendecido por el creador.
La realidad superó todas las expectativas planteadas, la amabilidad de las personas, la sonrisa contagiosa, el espíritu de servicio se desbordaba en cada una de las esquinas de aquel pequeño pueblo.
La llegada estuvo marcada por una puesta de sol magnífica, el regalo, una velada musical, la alegría de los lugareños y sus risas que resonaban en las montañas a la vuelta de la esquina para volver como un eco desde la capilla, chocar con el sonido de las olas y luego desaparecer en el mar en su horizonte infinito.
Desconexión total con el exterior, ahí en ese oasis conocí la definición de mundo paralelo el que solo es posible alcanzar conectando con el elixir de los dioses, el amor.
A few days ago, I had an exhilarating experience in every sense of the word during a visit to a coastal village in Venezuela. Everything happened so quickly; the days blended together, and I simply hopped into the car that would take me to a landscape blessed by the Creator.
Reality exceeded all my expectations. The kindness of the people, their contagious smiles, and their spirit of service overflowed from every corner of that small village.
My arrival was marked by a magnificent sunset, a gift of a musical evening, the joy of the locals, and their laughter echoing off the mountains just around the bend. The laughter returned like an echo from the chapel, collided with the sound of the waves, and then disappeared into the sea's infinite horizon.
I experienced a complete disconnection from the outside world. It was there, in that oasis, that I discovered the definition of a parallel universe, one that can only be reached by connecting with the elixir of the gods: love.