Todos los moradores de ese encantador lugar disfrutaban cada día de la fragancia y el colorido que el rosal ofrecía a través de sus flores.
Cierto día llegaron algunos visitantes y comenzaron a cortar las rosas y a llevárselas a sus casas, de manera que el pobre rosal quedaba triste sin sus flores.
Fue entonces cuando el hada de las flores al ver triste al rosal acudió en su auxilio y quiso regalarle una espina a manera de espada por cada rosa que le brotara para que así se defendiera de sus depredadores.
Pasó el tiempo y el rosal siguió triste. El hada de las flores le preguntó ¿por qué sigues triste? Me siguen arrancando las flores, le respondió el rosal.
¿Y las espadas que te di? Era por cada flor ¿No te defendiste?
Fueron muy valiosas, pero es muy poco, necesito más espadas.
Y desde aquel día, en cada rosal que exista, verás muchas espinas por cada rosa que brote, para que por orden del Hada de las flores defiendan al rosal de quienes pretendan llevarse sus flores.
Las imágenes son de mi propia autoría.
GRACIAS POR LEERME...