Ser padre es una experiencia increíblemente estresante, de verdad. En la temporada de cría, la práctica de la atención plena puede ser profundamente beneficiosa, no solo para cuidar al recién nacido sino también para su propio cuidado personal.
Los primeros días de vivir con un bebé son una especie de luna de miel en muchos casos. Pero también están llenos de factores de estrés tanto para el recién nacido como para sus padres o cuidadores. El bebé aterriza en un hábitat completamente nuevo, y también tiene el llanto como su principal medio de comunicación. Una nueva relación comienza a tomar forma, llena de incertidumbres (qué poco nos gustan las incertidumbres); de miedos (¿sabré cómo cuidarlo? ¿Cómo entenderé sus signos?); y de un inmenso amor, sin límites.
Como me dijo un amigo cuando estaba en ese momento de crianza: "Afortunada y desafortunadamente, con los bebés, todo dura 4 días". El estado de ánimo de un bebé cambia muchas veces en un solo día y eso es algo que puede desalojarnos.
Estar presente con él, como lo es en cada momento, es una práctica de la atención plena en la vida cotidiana. Es un buen momento para ser conscientes de la impermanencia de todo: esos maravillosos momentos que deseamos nunca sucederían y aquellos otros que deseamos no existirían. Cualquiera que sea el estado de su bebé, sucederá, nada es permanente.
Los niños están hambrientos de nuestra atención y afecto, y pueden sentirse perfectamente cuando los padres o cuidadores se distraen. Ellos lo notan. ¿Cómo puedes estar con tu bebé con toda la atención ?.
En la práctica, es tan simple como sostenerlo en sus brazos y mantener el contacto visual con una actitud amable y afectuosa. Aprovecha esos momentos para no hacer nada más. No los use para moverse en piloto automático en Facebook.
Cada vez que sostienes a tu bebé, es una oportunidad para practicar, atención plena en contacto con tu bebé, esa comunicación única que estás creando momento tras momento.