Hace ya dos días que Mónick salió, fue al pueblo a buscar no sé qué y ya hace diecisiete semanas que tengo un hermano menor las cosas han estado más agitadas que nunca desde que aprendimos a volar juntos, al principio se nos hacía bastante complicado controlar la dirección hacia dónde íbamos practicamos y practicamos hasta que el aire mismo se convirtió en un infinito camino por donde pasearnos mi las cosas no están nada mal por ahora, pero Mamá Mónick no vuelve y ya no hay mucha comida, con Plus es otra cosa porque el solo bebe el líquido blanco ese al que Mamá Mónick llama leche, aunque para mí los bichos están escaseando y además no sé por qué no vienen en una caja como el líquido ese de Plus por el cual solo tiene que hacerle unos rasguños y la cena ya está. (Cinco días más pasaron y Mónick aún no volvía, incluso la leche para Plus se había agotado).
Plus desde hace días está inquieto. De un lado al otro, hablamos poco, no quiere que me dé cuenta, pero me evita y, cuando no, lo he sorprendido mirándome con sus enormes ojos clavados sobre mi lomo con una mirada desesperada. Quizás me quiera decir algo, “ya se verá a su tiempo”, pensó. Pero esa misma noche, mientras que Ascensión inútilmente buscaba bichos por los rincones de la casa... Plus sigiloso (haciendo gala de sus habilidades felinas) se acercó lentamente por detrás de su diminuto hermano mayor. La luz de la luna se reflejó en sus ojos tan incisivos como puñales, comenzó a erguir su cola, se dejaron ver sus dientes y dijo...
Hermano, te tengo miedo, sé que es una estupidez mía, que eres mi hermano mayor y que siempre me protegerás, pero... Mamá Mónick no ha vuelto en muchos días y sé que hace casi la misma cantidad de días no comes. Yo, desde que nací, solo he dependido de la leche, pero tú, desde que te recuerdo, te comes a otros seres con vida. Sí, sí, yo sé que es una tontería y que nunca harías algo así, pero tengo mucho miedo, tengo miedo de que me comas. Las lágrimas comenzaron su maratón sobre el rostro de Plus y sobre el pico de Ascensión que, conteniéndose, aunque entre lágrimas, contestó:
Gran pequeño hermanito mío, estar aquí encerrados no nos hace bien ni a ti, ni a mí. Saldremos al bosque, al gran padre verde, y cuando Mamá Mónick vuelva, nosotros también. (Mónick nunca volvió una trágica situación, siguió su vida). En ese momento, Ascensión se dio cuenta de tres cosas: primero, la inocencia de su hermano, luego que sería su misión ocupar realmente el papel de hermano mayor y, por último, que la felicidad es tan relativa que nunca sabría comprenderla o incluso alcanzarla.
Finalmente, Ascensión subió a la montaña, se adentraron en los dominios del gran padre verde, "el bosque", lo que algún momento consideraron su enorme patio trasero. Siguiendo sus instintos, avanzaron como una ligera pluma movida por el viento, atravesando la oscuridad. Pasaron por sobre aquel pequeño estanque, vieron su imagen reflejada con una enorme luna llena de fondo. La noche parecía arroparlos; aquel árbol le serviría como hogar provisional. Se escuchaban voces, se escuchaban gritos, se escuchaba el concierto de las sombras acercándose hacia ellos...
Cuando de pronto las ramas del árbol comenzaron a crujir, algo baja a toda velocidad de entre las hojas. Unas alas casi tan grotescas como las de Plus, unos dientes como puñales Ascensión+ se encontraban frente a la criatura más rara de aquel bosque, casi tan extraña como ellos mismos...
(Imagen generada con IA)
Primera parte :
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