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El hígado es el órgano más grande dentro de su cuerpo. Ayuda al organismo a digerir los alimentos, almacenar energía y eliminar las toxinas. La hepatitis es una inflamación del hígado.
Los virus causan la mayoría de los casos de hepatitis. El tipo de hepatitis recibe su nombre de acuerdo con el virus que la produjo; por ejemplo, hepatitis A, hepatitis B o hepatitis C. El consumo de alcohol también puede provocar una hepatitis. En otros casos, su organismo ataca por equivocación células sanas en el hígado.
La hepatitis puede manifestarse de forma aguda o crónica. La forma aguda supone que la patología comenzará y desaparecerá rápidamente; si, por el contrario, se cronifica, la enfermedad perdurará en el tiempo, pudiendo desembocar en una insuficiencia hepática e, incluso, en la aparición de cáncer.
La gravedad dependerá de diversos factores, entre ellos el agente desencadenante de la patología (causa), o la presencia de otras enfermedades previas en el paciente.
Los síntomas que pueden percibirse en los primeros momentos de la enfermedad (primeros 5-7 días tras la infección) son fácilmente confundibles con los de una gripe o cualquier otra enfermedad común; se observa:
En algunos casos puede ocurrir que el paciente se encuentre totalmente asintomático, o que presente síntomas muy leves que no hagan sospechar de un problema hepático; esto ocurre en numerosas ocasiones en personas infectadas con el VHA.
Cuando acude a la consulta un paciente con una sintomatología que pueda hacer sospechar de la presencia de un trastorno de origen hepático, se procede, en primer lugar, a estudiar su historial clínico para comprobar si sigue algún tipo de tratamiento farmacológico, si presenta antecedentes familiares de enfermedades hepáticas, etcétera. Además, se someterá al paciente a una serie de preguntas destinadas a conocer sus hábitos de vida, o las actividades que desempeña que puedan ser consideradas factores de riesgo para la adquisición de la enfermedad.
El médico solicitará a continuación una analítica para comprobar los niveles de transaminasas; la presencia de niveles elevados de estas proteínas en sangre se debe a su liberación al exterior por la ruptura de los hepatocitos (células que forman el hígado) y, por tanto, indica el grado de necrosis hepática. Los mayores niveles de transaminasas se observan en los casos de hepatitis aguda mientras que, en la hepatitis crónica, las cifras no son tan altas, pero su concentración fluctúa. También se analizarán los niveles de bilirrubina sérica, fosfatasa alcalina y γ-glutamil-transpeptidasa; esto permite conocer el estado de la función hepática.
Para descartar o confirmar una hepatitis de origen viral se realizan pruebas que detectan la presencia de anticuerpos específicos para cada tipo de virus. Con algunas de estas pruebas, además, el médico puede averiguar la cantidad de virus que hay en el organismo del paciente y en qué momento desaparecen tras el tratamiento antiviral, por ejemplo.
Tras el diagnóstico del tipo de hepatitis, se puede realizar una prueba para determinar el grado de afectación hepática por la enfermedad. A veces se recurre a la biopsia hepática. Esta prueba consiste en tomar una muestra del hígado por medio de una pequeña punción. Esta muestra se analiza al microscopio y nos informa de la evolución de la enfermedad, lo que ayuda a tomar decisiones respecto al tratamiento.
La biopsia hepática es una prueba que, aunque de forma infrecuente, puede asociarse a complicaciones graves. Por ello, en los últimos años se han desarrollado pruebas no invasivas que permiten determinar el grado de afectación hepática sin tener que tomar biopsias del hígado. La prueba más útil posiblemente es la elastometría, que se realiza por medio de una máquina parecida a un ecógrafo y que se llama FibroScan®. Esta prueba mide la propagación de ondas de sonido por el hígado. Las hepatitis crónicas producen fibrosis en el hígado que hacen que estas ondas se transmitan más rápido. Cuanto más rápido vaya la onda más fibrosis tiene el hígado. Cuando existe un grado importante de fibrosis se considera que el enfermo tiene una cirrosis hepática.
Esta prueba se realiza de forma ambulatoria, no lleva más de cinco o 10 minutos, no tiene ninguna complicación, y ofrece una información posiblemente tan fiable como la que pueda dar una biopsia hepática. Se utiliza principalmente para valorar la necesidad de iniciar el tratamiento con fármacos antivirales en pacientes con hepatitis C crónica
Tratamiento de la hepatitis
la hepatitis pueden curarse sin intervención médica. Si no es así, el facultativo establecerá un tratamiento u otro según la causa del trastorno, edad del paciente, sensibilidad a determinados fármacos, etcétera. No existe un tratamiento específico para la hepatitis A; suele recomendarse dieta pobre en grasas, evitar el consumo de alcohol y otros tóxicos y descanso.
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