Un día me sentí martillo y al otro ya era el clavo, así es la vida. Un día estás arriba y al otro estas abajo por eso no hay que olvidar de dónde venimos aunque a veces se nos olvide hacia dónde vamos. Mantener la mirada al frente y que la meta nunca cambie aunque a veces tengas que cambiar de camino.
Toda la vida me he apasionado por lo antiguo, por lo que ya casi no se ve, por lo raro, por lo que ya la gente no se desvive como antes. Por las cartas, las serenatas, las vespas, los carros y bicicletas de los 60, por el televisor blanco y negro y por la chatarrita de las emisoras de radio más viejas.
Me apasiona el sonido de la lluvia y el olor del café recién hecho. Lo hippie y lo no tan moderno. No sigo modas y mi estilo va más allá de una ropa cara. El reventar de las olas y el cantar de los pájaros en su medio ambiente. Las casas de madera en la punta de la montaña y el cielo estrellado.
Lo complejo de la vida que al final no es nada complejo, solo que mis ojos lo acomplejan para tener algo divertido que hacer. No soy de fiestas, alcohol y drogas pues mi única droga son las letras y no me arrepiento de ello.
Todo lo que me apasiona lo reduzco a una sola cosa, VIVIR. Y más que vivir es aprender hacerlo. Me muevo por mis sueños aunque estén rotos y muchos hayan querido robármelos.
Mis grietas me confirman que los años no han pasado en vano y que si he llorado es porque ha sido necesario. De caer aprendí a levantarme y ya me conozco el camino de vuelta. Solo es cuestión de limpiarme las rodillas y seguir.
Que tu pasión te haga vivir mientras aprendes a hacerlo.
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