Una de las grandes sorpresas que me llevé en el viaje a Egipto fue el río Nilo. A parte de darme cuenta de lo brutalmente ancho que es, la cantidad de agua que lleva y limpia que estaba.
No sé porqué, pero me imaginaba que estaría mucho más sucio, pero, quitando la parte del Cairo, que sí que estaba más turbia, el resto estaba súper clara y sin suciedad en la superficie.
Otra de las cosas que te dejan loco es el contraste que este río provoca. Un río que atraviesa el desierto y que hace que las orillas de ambos lados del Nilo, a lo largo de todo su recorrido, sean auténticos oasis en los que la vegetación es súper verde y, justo detrás de estas orillas, puedas ver el desierto, con ese color tan característico que hace que el contraste sea brutal.
Todo esto hace que el crucero por el Nilo sea único, una de las experiencias más bonitas de este viaje inolvidable y espectacular a la vez.