Esos muros que se levantan y que en ocasiones se pierden a la vista cuando los miras desde la base. Muros que tienen tanta historia que solo ellos saben lo que han vivido. Cientos de años que han pasado sin mover un solo centímetro sus cimientos y que son ajenos a lo que pasa a su alrededor.
Ellos no entienden de poderes, no entienden de pandemias ni de las enfermedades de esos que ocupan sus espacios. Se limitan a ver desde lo alto el paso del tiempo y resisten las inclemencias del tiempo para seguir impasibles por cientos de años más.