En esta corta vida, a menudo escuchamos un dicho, quizás nosotros mismos lo hayamos experimentado en algún momento: que nunca te levantarás si no te lastimas. Puede parecer un poco difícil y negativo, pero al recorrer el camino de la vida, nos parece una y otra vez que no hay nada más cierto.
Piénsenlo: cuando somos jóvenes, aprendiendo a caminar, nos caemos innumerables veces. Cada vez que caemos, nos duele un poco, quizás incluso lloramos. Pero lo interesante es que esa misma experiencia de caer nos enseña a mantener el equilibrio, a poner los pies en la tierra para no volver a caer. Y así, poco a poco, aprendemos a levantarnos y a correr. El duro camino de la vida es así. Si no caemos, aprenderemos a caminar.
Es natural que nos toque enfrentar golpes inesperados en la vida. Puede ser un golpe en una relación, un fracaso profesional, una crisis financiera o el dolor de perder a un ser querido. Cuando llegan estos golpes, parece que todo ha terminado. Todo a nuestro alrededor se oscurece, parece que no hay salida. Nuestras mentes se rompen, nuestra confianza en nosotros mismos está por los suelos.
Pero aquí es donde ese dicho se vuelve tan cierto. Nunca podremos levantarnos si no nos lastimamos. Cuando nos lastimamos, cuando nos sentimos completamente indefensos, es cuando despierta nuestra verdadera fuerza. Entonces nos vemos obligados a pensar de nuevo, a encontrar un nuevo camino. Intentamos aprender del error que cometimos y nos lastimamos. Poco a poco descubrimos cómo levantarnos, cómo sanar las heridas.
Todos lo pasamos mal la primera vez, tenemos que tropezar una y otra vez. Pero intentar levantarnos cada vez nos hace más fuertes. La próxima vez que nos topemos con una lesión similar o diferente, tenemos la fuerza mental para afrontarla. Entonces sabemos cómo afrontarla, cómo ser pacientes.
De hecho, las lesiones son una de las pruebas más duras de la vida. Y estas pruebas nos enseñan el verdadero sentido de la vida, nos enseñan a perseverar, nos enseñan a luchar. Sin lesiones, podríamos habernos acostumbrado a una vida cómoda, sin comprender la extraordinaria paz que aguarda tras el sufrimiento, la intensa alegría que hay en soñar con la victoria incluso después de la derrota.
Por eso, quizás se diga que cada lesión es, en realidad, una oportunidad para empezar de nuevo. Los sufrimientos que dejamos atrás nos dan la fuerza para recorrer nuestro camino, nos hacen más maduros. Algunas lesiones aparecerán en el camino de la vida; aprende a aceptarlas. Sin miedo, sin desfallecer, aprende de ellas y sigue adelante. Porque, sin sufrir, nunca podrás dar la vuelta. Y en la vuelta reside la verdadera victoria de la vida.
