Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
Eran las 7:58 de la mañana cuando Miranda llegó a la Catedral. Había caminado con mucho cuidado desde su casa para llegar allá, siempre procurando que su pie, atendido por el podóllgo debido a un ojo de pescado, no perdiera la protección compuesta de vendas o qué éste se remojo.
Era incómodo y de vez en cuando le ardía, pero debía caminar y dejar todo listo antes del día siguiente, cuando le van a extraer la parte afectada del pie y tener que reposar todo el resto del día.
Luego de entregar un pedido 15 minutos después, Miranda había pensado en ir a la farmacia a comprar un poco de alcohol y desinfectante para manos, pero al ver la hora, decidió directamente a ver a su jefe, pues era día de aguinaldo.
En la radio escuchaba sobre el caso de un hombre asesinado por el narcotráfico, el cual estaba rodeado de teorías y sospechas de muerte política.
Luego de estar charlando un momento con su jefe sobre política y otras cosas de la vida, Miranda se fue caminando hacia una papelería en busca de libretas punteadas para guardar. Al no haber, salió a la calle y se dirigió hacia la plaza. Ahí estuvo charlando por teléfono con una amiga suya, quien tuvo una endodoncia unos días atrás.
Al terminar de hablar, se metió a la librería buscando algún título para autoregalarse por Navidad. Pero el disfrute duró poco. Una llamada de casa le recordaron que, por las prisas, no habían dejado dinero para las compras del día. Decidió entonces dejar lo del libro para otro momento, una vez que pueda caminar con mayor comodidad y libertad.
