Con sensualidad resuelta
me acerco a ti.
Tus ojos se fijan en el movimiento
de mis caderas,
en la soltura de mis pies,
en la suavidad de mis pasos.
Guías con sutilidad mi camino
sin soltar mi mano,
sin apartar la mirada,
acariciando la espalda
con discreto deseo.
Conforme danzamos en silencio,
nuestro diálogo se torna directo.
Hay tantas cosas qué decirnos
que solo al ritmo del tango
podemos expresar sin temor alguno.
Cosas que, por ahora,
son solo un secreto entre nosotros.
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