Cuando ella dijo "quédate",
todos la ignoraron,
pues le creían inofensiva.
Nadie pensó que detrás
de su inocencia existía
la más despiadada de las muertes;
como asesino serial piensa,
calcula, actúa,
se marcha tan pronto como llega,
arrancando lo viejo
debilitando lo joven.
Cuando la corona manda,
los súbditos temerosos doblan la rodilla
y aguardan a que su espada pase de largo.
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