Ojos peligrosos,
eso es lo primero que pienso
cada vez que te veo.
Ojos peligrosos que reflejan
la avaricia,
el hambre de poder
y el placer de la destrucción.
.-.-.
No me extraña pues,
arcángel temible del cielo,
que te fascine las almas
de aquellos que te enfrentan.
No me extraña en lo absoluto
que saborees su destrucción.
Para ti es un juego de niños.
Una diversión que de placer
te llena a satisfacción.
.-.-.
Sin embargo,
parece que esta vez
algo te detiene.
.-.-.
Miedo es lo que veo ahora
en aquellos ojos peligrosos.
Un miedo cuyo origen sospecho,
pero del que no digo nada.
