Bendito caño de agua

Words
309
Reading
2 min
8h
Listen to this post
~2 min

No hay nada peor que el sonido del martillo o los mazazos retumbando en la cocina a primera hora de la mañana, salvo quizás la frase con la que arrancó el plomero apenas levantó la primera baldosa: «Uf, flaco, mirá lo que es esto... esto viene de hace rato».

1000778131.jpg

Era la tercera vez en el año. La tercera. La primera fue en marzo, un hilito de agua imperceptible que terminó empapando el techo de la vecina del 3° B. En julio, otra vez la pesadilla: parcharon así nomás, pusieron una faja de material fresco y me prometieron que «ya no iba a haber problemas». Pero la física y la mala suerte tienen sus propias reglas.

Ayer a la tarde suena el timbre. Era de nuevo doña Marta, con esa cara de resignación y los brazos cruzados. «Disculpame que te moleste otra vez, pero me cae una gota directo arriba de la mesada». En ese preciso instante supe que mi semana estaba arruinada.

1000778130.jpg

Ahí está el resultado: un zanjón en medio del piso de la cocina, escombros por todos lados, polvo fino metiéndose adentro de los muebles y la zapatilla del plomero esquivando el pozo para no caerse. Los caños verdes al descubierto, desnudos, como si la casa me estuviera mostrando sus tripas.

Lo peor de todo no es el barro ni el ruido; es la sensación de estar viviendo en un estado de obra permanente. Tratar de hacerse un café a la mañana salteando un pozo en el piso, esquivando bolsas de escombro y rezando para que esta vez, de verdad, sea la última. El plomero jura que sí, que ahora cambió todo el tramo, pero yo ya miró ese contrapiso abierto y solo puedo pensar en cuánto va a tardar en volver a sonar el timbre de doña Marta.





Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.

SeparadorSteemit10.png

20200113_094257.png

Bendito caño de agua | Ecency