Hay noches en las que el reloj parece avanzar más despacio. Esta es una de ellas.
Otra vez estamos sin electricidad. El silencio se impone en la casa y el calor se vuelve el verdadero protagonista, ese que no necesita presentarse porque se siente en cada rincón.
En Cuba, hablar de los apagones ya no sorprende a nadie. Se han convertido en parte de la rutina. Uno aprende a cargar el teléfono cuando puede, a cocinar rápido cuando regresa la electricidad y a aprovechar cada minuto de corriente como si fuera un recurso demasiado valioso para desperdiciarlo.
Pero hay algo a lo que todavía no logro acostumbrarme: el calor de la madrugada.
Es un calor diferente. Pesado. De esos que no te dejan dormir, que hacen que des vueltas en la cama buscando una posición más fresca, aunque sabes que no la vas a encontrar. Abres las ventanas esperando una brisa que muchas veces nunca llega.
La suerte mía es que tengo un ventilador recargable, y eso me da un poco de alivio en medio de la noche. Pero lo que más me preocupa no soy yo.
Es mi pequeño Lukas.
En noches así uno aprende que el cansancio propio pasa a segundo plano. Solo quieres que el niño esté lo más cómodo posible, que pueda dormir tranquilo aunque el entorno no ayude, aunque el calor no dé tregua.
Y aun así, la vida continúa.
Mañana habrá que levantarse para trabajar, cumplir con las responsabilidades y seguir adelante. Porque detenerse no es una opción, aunque el cansancio se acumule día tras día.
En noches como esta también pienso en todas las personas que están pasando exactamente por lo mismo. Familias enteras tratando de dormir, niños inquietos por el calor, adultos mayores soportando temperaturas difíciles y trabajadores que, después de largas jornadas, solo desean descansar unas horas.
No escribo esto para quejarme. Escribo porque a veces poner en palabras lo que vivimos ayuda a sentir que no estamos solos.
Quizás dentro de algunos años recuerde estas noches como una etapa difícil que finalmente quedó atrás. Ojalá sea así.
Mientras tanto, intento encontrar pequeños motivos para mantener el ánimo. Una conversación con la familia, un mensaje de un amigo, leer algunos comentarios en PeakD o simplemente mirar el cielo cuando las estrellas aparecen con más fuerza gracias a la oscuridad.
Es curioso cómo, incluso en medio de las dificultades, la naturaleza encuentra la manera de recordarnos que todavía existen cosas bonitas.
Hoy no tengo una gran reflexión ni una enseñanza espectacular. Solo quería compartir un pedazo de esta noche, porque sé que muchos entenderán perfectamente lo que significa intentar dormir cuando el calor parece abrazarlo todo.
Espero que, cuando lean estas líneas, estén teniendo una noche un poco más fresca que la mía.
Y si también están atravesando un apagón, les deseo paciencia. A veces eso es lo único que podemos ofrecernos unos a otros.
Solo les puedo decir no sé cómo tengo cobertura en este momento solo se que puedo compartir este pequeño sentimiento
Gracias por dedicar unos minutos a leerme. Su apoyo y cada comentario hacen que estas noches sean un poco más llevaderas.
Nos leemos en el próximo blog.
No ve voy a cansar de agradecer a la comunidad BBH 💪 a @thebbhfoundation y
@thebbhproject
A su creador @brdaleyarrow y a mí mamá de Canadá
@cathyarrow
Espero pronto estemos juntos
Gracias por su apoyo y que Dios los bendiga 🙏🙏🙏