Venezuela no elige, pero intenta

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Los dolores de cabeza en Venezuela son parte del ser humano, casi tan importante y común como tener un corazón. Pero para una parte de la población -que ruego sea minoritaria- todo se les olvida el día de las elecciones.

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Desde la 1: 00 a.m un vecino suena la diana y la acompaña de juegos artificiales. Seguramente logró despertar a toda la cuadra, espero que no haya sido yo la única al levantarme sobresaltada de tanto temor y felicidad por pensar que se estaba dando un levantamiento -no sé que me hace asemejar el sonido de los juegos con un levantamiento. Dado que nunca he vivido uno-.

La mañana va acompañada de una melodía singular que les recuerda a todos que alguna vez apoyaron eso, que estuvieron de acuerdo y hasta aportaron un granito de arena para llegar a ser lo que se es -gracias-.

Es un recordatorio de la culpa que se posee en no encontrar alim… -haría una lista inmensa en la que terminaríamos llorando todos, así que vamos a dejarlo en: NADA- El no encontrar NADA es también culpa de todo aquel que un día de elecciones como hoy, después de colocar música en apoyo a un partido rojo, fue a votar por el representante del mismo.

Votar por una persona y decidir el futuro de miles, fue precisamente lo que no se detuvo a pensar nadie. Pareciera que desde mucho antes ha existido entre la población la idea de la individualidad: sólo importa lo que yo quiero. Porque tengamos en cuenta que, si su idea se tratara de lo que necesitaran para poder surgir, la historia sería otra.

Son muchos los barrios de Caracas lo que salían a votar por su candidato a manera de hacer grandes colas para poder ejercer, pero ahora, al salir y dar una vuelta por las calles, los colegios están tan solos como los mercados que han quebrado.

Las colas se consiguen en la carnicería, en el abasto -que seguramente maneja un señor José-, en la panadería, en confitería -lugar a donde no se va a comprar chucherías, sino hacer avances de efectivo-, realmente Caracas es un lugar de colas.

Más allá de estas elecciones tardías, de los vecinos rojos, de los que no son rojos, de los azules, de las colas e incluso de los desolados colegios, nunca es tarde para aceptar que no se hay que rendirse.

Más allá de que siendo las 11: 00 a.m sepamos los resultados tan elevados que obtendrá el partido favorecido por el enchufe dentro de los órganos estatales, tenemos que saber que peor intento es el que no se hace y que dentro de pocos o muchos años tendrás que contarle a tu hijo de lo que fuiste e hiciste por ellos y por favor que no sea el “me quede viendo como nos hacían trampa” porque siendo así tú fuiste parte de sus estratégicos movimientos.

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Anímate, vamos a intentarlo tantas veces hasta cansarnos e incluso cuando lo hagamos sigamos intentando. En algún momento recuperaremos esa Venezuela de la que nuestros abuelitos hablan y tú habrás sido parte del proceso. Que sea lo que Dios quiera.

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