Y de un solo tajo corto con el silencio, toda posibilidad de que algo pasara. Así sin más, blandió sin misericordia alguna, su indiferencia sobre mí, haciéndose sentir con fuerza, con su ausencia planificada y forzada. Selene se llamaba ¡y yo que la tuve hasta de fondo de pantalla en mi computadora por meses!
Yo, Mario, tengo que admitir que, me convertí en su fantasma, en su sombra, solo por estar cerca de ella.
Pero por la mala aprendí, que si ellas no quieren nada con uno, no se puede hacer nada al respecto. Revivió en mí, mi lado más romántico, pero a la final, pensó que todo era un juego, y me contagió sus inseguridades, borrando mi certeza, mi fe, por su ser.
Todas sus amigas me tildaron de su perseguidor, y solo terminaron por animarla a ser mi verdugo. Ahora he aprendido a ser frio e indiferente, en una sociedad que se jacta de dejarte en visto a cada instante.
Ha pasado mucho tiempo, y apenas estoy olvidando su rostro, su voz, sus detalles. Solo escribo estas líneas, para prevenir a alguno que otro incauto, para que no lo tomen desprevenido, aunque por experiencia sé, que en cosas del corazón, a veces es inevitable estrellarse contra la pared tres veces por si acaso.
Ahora soy yo, el que saca el hacha del silencio, cuando veo alguna chica que no me gusta, y no quiero nada con ella. Aun no consigo a aquella chica que me haga creer que soy increíble, porque cuando eres especial para alguien, eres más que suficiente para alguien, eres su complemento.
Autor: Jean Carlos Villamizar #Venezuela