¿Un castillo en asedio? - Capítulo I

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Cuántos de nosotros en nuestra infancia no leímos u oímos alguna historia o cuento, e incluso vimos alguna película hollywoodense que en nuestra inocencia consideramos una simple batalla o lucha por una doncella, reino perdido o la simple libertad, pero esto más que como objeto protagónico como el contexto de alguna historia romántica de heroísmo u amor.

Pocas obras literarias y cinematográficas han plasmado de forma fidedigna la crueldad y los métodos bárbaros aplicados en función de estas empresas. En los anales de la historia ha sido cierto que poderosos ejércitos, ante ciudadelas amuralladas con grandes riquezas llevados por la avaricia se disponían a rodearla, generando un bloqueo que se perpetuaba a través de incluso años, y sin invertir ni un flecha coaccionar a sus habitantes hasta una espontánea redención.

Nobles, señores feudales, y plebeyos diezmados por enfermedades, hambre y desidia. Y no satisfechos con esto al ser conscientes que dichas ciudades no solo poseían imponentes y sólidas murallas sino que también estaban provistas de grandes suministros de alimentos y en especial fuentes inagotables de agua dulce, se las ingeniaban para lanzar en su origen cadáveres de animales u hombres y envenenar el agua, propagando en los ciudadanos el cólera.

Hasta que finalmente superados por el desasosiego abrían las puertas entregándose a cualquiera que los liberarse del sufrimiento, hasta al enemigo, sin imaginar siquiera lo que les esperaba… Y para ello citaré un evento histórico:

Cuando durante la cruzada albigense, los cruzados se lanzaron contra la iglesia de la Madeleine donde para entonces se encontraban refugiados 8000 personas. Momentos antes de emprender la masacre un soldado preguntó cómo diferenciar a los católicos de los herejes cátaros y ante la pregunta al legado papal Arnaud Amaury respondió la célebre frase:

“Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”

Equipo traslaverdad@traslaverdad

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