[ENG/ESP] Science as a compass and engine of sustainable development
The role of science in the SDGs extends beyond technological innovation. Its primary contribution is epistemological: it enables us to measure, monitor, and understand reality. Without reliable data on carbon emissions, deforestation rates, multidimensional poverty indices, or antimicrobial resistance, governments would be navigating blindly. Science provides the observation systems—such as satellites, sensors, and statistical surveys—that transform complex problems into actionable indicators. Without this empirical foundation, the SDGs would be nothing more than rhetorical statements with no possibility of accountability.
Secondly, science acts as a generator of solutions. SDG 2 (Zero Hunger) relies on drought-resistant crop varieties and experimentally validated agroecological practices. SDG 3 (health and well-being) relies on vaccines, early diagnostics, and epidemiological models. SDG 7 (affordable and clean energy) requires more efficient solar panels, storage batteries, and smart grids. SDG 13 (climate action) demands carbon capture, renewable energy, and evidence-based adaptation. In each case, basic and applied research drives progress.
However, science must also be self-critical. Not all innovation is sustainable by definition. History shows that technological advances can create new problems—such as pollution, inequality, or dependency—if developed without a systemic perspective. Therefore, the role of science encompasses impact assessment, the precautionary principle, and the pursuit of solutions that are not only efficient but also just and equitable. The SDGs are integrated in nature: social justice cannot be achieved without environmental sustainability, nor vice versa. Science must operate according to that same logic of interconnectedness.
A third essential role is the democratization of knowledge. For science to serve the SDGs, it cannot remain confined to elite laboratories. It must translate into public policy, civic education, and technology accessible to rural or vulnerable communities. Open science, technology transfer, and international cooperation are key mechanisms. Without equitable access to knowledge, the SDGs would merely reproduce the very gaps they aim to close. Finally, I must say that science offers a fundamental virtue: the humility to learn and correct course. The SDGs are dynamic goals in a changing world. The COVID-19 pandemic demonstrated that science can generate rapid responses, but also that misinformation and inequality hinder their implementation. The lesson is clear: we need more science—better communicated and more integrated into decision-making.
A final comment
The role of science in achieving the SDGs is threefold: it is a beacon that illuminates problems, an engine that generates solutions, and a bridge connecting knowledge with collective action. However, science does not operate in a vacuum.
It requires political will, sustained funding, ethics, and social participation. The SDGs will not be achieved through laboratories alone, but neither can they be achieved without them. Ultimately, science is the compass that guides us and the fuel that drives the transition toward a more just and habitable future. To ignore it would be to abandon the very possibility of truly sustainable development.
Note: I used the DeepL translator.
ESPAÑOL
Cuando en 2015 la comunidad internacional adoptó la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se trazó un mapa ambicioso para erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad. Sin embargo, un mapa sin herramientas es solo un dibujo. La ciencia, en su sentido más amplio, constituye el conjunto de instrumentos indispensables para transitar ese camino. Lejos de ser un lujo académico, el conocimiento científico es hoy una condición indispensable para cumplir las metas que nos hemos impuesto como especie.
El papel de la ciencia en los ODS no se limita a la innovación tecnológica. Su primera contribución es epistemológica: nos permite medir, monitorear y entender la realidad. Sin datos confiables sobre emisiones de carbono, tasas de deforestación, índices de pobreza multidimensional o resistencia antimicrobiana, los gobiernos navegarían a ciegas. La ciencia provee los sistemas de observación como satélites, sensores y encuestas estadísticas que transforman problemas complejos en indicadores accionables. Sin esa base empírica, los ODS serían declaraciones retóricas sin rendición de cuentas posible.
En segundo lugar, la ciencia es una fábrica de soluciones. El ODS 2 (hambre cero) depende de variedades de cultivos resistentes a la sequía y de prácticas agroecológicas validadas experimentalmente. El ODS 3 (salud y bienestar) se apoya en vacunas, diagnósticos tempranos y modelos epidemiológicos. El ODS 7 (energía asequible y no contaminante) exige paneles solares más eficientes, baterías de almacenamiento y redes inteligentes. El ODS 13 (acción por el clima) demanda captura de carbono, energías renovables y adaptación basada en evidencia. En cada caso, la investigación básica y aplicada es el motor del progreso.
Pero la ciencia también debe ser crítica consigo misma. No toda innovación es sostenible por definición. La historia muestra que avances tecnológicos pueden generar nuevos problemas como la contaminación, desigualdad o dependencia si se desarrollan sin una perspectiva sistémica. Por eso, el papel de la ciencia incluye la evaluación de impactos, el principio de precaución y la búsqueda de soluciones no solo eficientes, sino justas y equitativas. Los ODS tienen un carácter integrado: no se puede lograr la justicia social sin sostenibilidad ambiental, ni viceversa. La ciencia debe operar con esa misma lógica de interconexión.
Un tercer rol esencial es la democratización del conocimiento. Para que la ciencia sirva a los ODS, no puede quedarse en laboratorios de élite. Debe traducirse en políticas públicas, en educación ciudadana, en tecnología accesible para comunidades rurales o vulnerables. La ciencia abierta, la transferencia tecnológica y la cooperación internacional son mecanismos clave. Sin equidad en el acceso al conocimiento, los ODS reproducirían las mismas brechas que pretenden cerrar.
Por último debo decir que la ciencia aporta una virtud fundamental: la humildad de aprender y corregir. Los ODS son metas dinámicas en un mundo cambiante. La pandemia de COVID-19 demostró que la ciencia puede generar respuestas rápidas, pero también que la desinformación y la desigualdad obstaculizan su aplicación. La lección es clara: necesitamos más ciencia, mejor comunicada y más integrada en la toma de decisiones.
Un comentario final
El papel de la ciencia para cumplir los ODS es triple: es un faro que ilumina los problemas, un motor que genera soluciones y un puente que conecta el conocimiento con la acción colectiva. Sin embargo, la ciencia no opera en el vacío.
Requiere voluntad política, financiamiento sostenido, ética y participación social. Los ODS no se lograrán solo con laboratorios, pero tampoco sin ellos. La ciencia es, en definitiva, la brújula que orienta y el combustible que impulsa la transición hacia un futuro más justo y habitable. Ignorarla sería renunciar a la posibilidad misma de un desarrollo verdaderamente sostenible.
Nota: Utilicé el traductor DeepL Translate.