A Necessary Introduction
This wasn't a pleasure trip, but rather a scientific research expedition to study the characteristics of this Cuban coastal paradise.
A paradise of mangroves and turquoise waters
The moment we arrived, the landscape took our breath away. Cayo Romano is a world of marine plains, mangroves stretching as far as the eye can see, and tectonic elevations like La Silla de Romano, which, at 62 meters, breaks the monotony of the horizon. To the south, Jigüey Bay separated us from Cuba; to the north, the Atlantic Ocean vanished into its immensity. Its six kilometers of pristine white-sand beaches and crystal-clear waters constantly reminded us why this place is a coveted tourist destination.
But we weren't there to sunbathe. Our work took us deep into the wetlands and coastal ecosystems, collecting samples, recording data, and marveling at the biodiversity this cay harbors. Each hour was a blend of scientific rigor and constant wonder.
Among flamingos and wildlife
Cayo Romano is a first-rate bird observatory. During our excursions, we encountered flocks of pink flamingos painting the lagoons with color, elegant herons, and pelicans gliding over the water. In total, 133 bird species have been identified on the cay, a number that speaks volumes about its natural richness. Witnessing this explosion of life in such a pristine environment was a reminder of the importance of our work.

Fieldwork on the Cay
Our fieldwork ended at sunset. Back at camp, amid laughter and exhaustion, we shared stories and anecdotes. Dinner turned into lively discussions where science mingled with humor. I especially remember one time when one of the biologists tried to imitate a pelican's flight and almost ended up on the ground amidst everyone's laughter. Those moments of fun and camaraderie were the fuel we needed to keep going.
But the most unexpected encounter came during one of our excursions. As we ventured deeper into the cay, we stumbled upon a group of goats grazing freely. They weren't part of the original ecosystem, but rather introduced mammals that, like so many other species (it's estimated there are 16 introduced mammal species, representing 84.2% of the mammals recorded on the cay), have found a home in this paradise. Seeing those goats move freely among the vegetation, completely integrated into the landscape, is an image that has stayed with me. It was a reminder of how nature and human activity, sometimes accidentally, intertwine in these ecosystems.
An Unforgettable Trip
That research trip to Cayo Romano was much more than fieldwork. It was an experience that connected us with nature in its purest form, with the wild beauty of the Cuban coast, and with the importance of preserving these paradises. Between the rigor of science, shared laughter, and encounters with a fauna as diverse as it was unexpected, that trip became an indelible memory for the entire team.
Note: The images are my own.
I used DeepL Translate.
ESPAÑOL
Una introducción necesaria
El sol del Caribe calentaba con fuerza el pedraplén mientras nuestra camioneta avanzaba sobre el mar, dejando atrás la isla principal de Cuba. Íbamos rumbo a Cayo Romano, ubicado en los 22.34478 lat, -78.17146 long, el cayo más extenso del archipiélago de los Jardines del Rey, con sus imponentes 777 kilómetros cuadrados de superficie, lo que lo convierte en la tercera isla más grande del país.
No era un viaje de placer, sino una investigación científica para estudiar las características de este paraíso litoral cubano.
Un paraíso de manglares y aguas turquesas
Nada más llegar, el paisaje nos dejó sin aliento. Cayo Romano es un mundo de llanuras marinas, manglares que se extienden hasta donde alcanza la vista y elevaciones tectónicas como la Silla de Romano, que con sus 62 metros rompe la monotonía del horizonte. Al sur, la Bahía de Jigüey nos separaba de Cuba; al norte, el océano Atlántico se perdía en la inmensidad. Sus seis kilómetros de playas vírgenes de arena blanca y sus aguas cristalinas nos recordaban constantemente por qué este lugar es un destino codiciado por el turismo.
Pero nosotros no estábamos allí para tomar el sol. Nuestro trabajo nos llevaba a adentrarnos en los humedales y ecosistemas costeros, tomando muestras, registrando datos y maravillándonos con la biodiversidad que alberga este cayo. Cada hora era una mezcla de rigor científico y asombro constante.
Entre flamencos y vida salvaje
Cayo Romano es un observatorio de aves de primer orden. Durante nuestros recorridos, nos topamos con bandadas de flamencos rosados tiñendo las lagunas de color, garzas elegantes y pelícanos planeando sobre el agua. En total, se reconocen 133 especies de aves en el cayo, una cifra que habla de su riqueza natural. Ver esa explosión de vida en un entorno tan prístino era un recordatorio de la importancia de nuestro trabajo.
Trabajo en el cayo
Nuestro trabajo de campo terminó al atardecer. De vuelta en el campamento, entre las risas y el cansancio, compartíamos historias y anécdotas. La cena se convirtió en tertulias donde la ciencia se mezclaba con el humor. Recuerdo especialmente una en la que, uno de los biólogos intentó imitar el vuelo de un pelícano y casi termina en el suelo entre las carcajadas de todos. Esos momentos de diversión y camaradería eran el combustible que necesitábamos para seguir adelante.
Pero el encuentro más inesperado llegó durante una de nuestras excursiones. Mientras nos adentrábamos en el interior del cayo, nos topamos con un grupo de ganado caprino que pastaba libremente. No eran parte del ecosistema original, sino mamíferos introducidos que, como tantas otras especies (se estima que hay 16 especies de mamíferos introducidos, alcanzando el 84,2% de los mamíferos registrados en el cayo), han encontrado en este paraíso un hogar. Ver a esas cabras moverse con soltura entre la vegetación, totalmente integradas en el paisaje, fue una imagen que se me quedó grabada. Era un recordatorio de cómo la naturaleza y la actividad humana, a veces de forma accidental, se entrelazan en estos ecosistemas.
Un viaje inolvidable
Aquella investigación en Cayo Romano fue mucho más que un trabajo de campo. Fue una experiencia que nos conectó con la naturaleza en su estado más puro, con la belleza salvaje del litoral cubano y con la importancia de preservar estos paraísos. Entre el rigor de la ciencia, las risas compartidas y el encuentro con una fauna tan diversa como inesperada, aquel viaje se convirtió en un recuerdo imborrable para todo el equipo.
Nota: Las imágenes son de mi propiedad.
Utilicé el traductor DeepL translate.