La aventura de las palabras

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El camino invisible del pensamiento

El pensamiento, para que pueda llegar a algo realmente valioso, necesita la herramienta fundamental de las palabras. Son como sendas ocultas por las cuales discurren nuestros conocimientos, creencias, miedos y esperanzas. 

Las palabras son discretas, les gusta pasar inadvertidas. La primera idea que tenemos de ellas la formamos por oposición, comparación o relación con otras. En definitiva una compleja trama de vínculos que parecen formas neutras para darles vida con nuestra actividad mental. La realidad es muy distinta, su fuerza es tal que condicionan fuertemente cualquier actividad intelectual.

Por eso no es igual pensar en un idioma que en otro. Las personas que pueden vivir en varias lenguas conocen bien la sensación de sentirse influenciados por la lengua que eligen en cada caso para expresarse.

La palabra tierra, sólida y completa

Al decir Tierra se enciende un complejo circuito de relaciones. Agua, Planeta, Suelo, Piso, Pies, Aire, Fuego, ... quizás Árbol. Estas relaciones son únicas en cada persona y para cada persona son únicas en el momento que se producen.

Si el agua no pasa dos veces por el mismo río así son las asociaciones de las cuales dependen la primera palanca del pensamiento. 

En las lenguas de origen común tenemos por ese motivo palabras parecidas. Terre en francés o terra en italiano se reconocen fácilmente para  los que usamos la palabra tierra. La palabra latina terra es la responsable de este parecido. Pero a su vez en latín esa palabra viene de una raíz indoeuropea más antigua «ters» que lleva la idea de secar.

Torrere en latín deriva de esa misma raíz a la que llegó la palabra torrefacto en el sentido actual de tostar (secar por calor). La palabra alemana «dürr» tiene el mismo origen (significa seco). Lo mismo que en sánscrito «tarsayati» o en griego «teresthai» o la palabra inglesa «thirsty»

Conclusión

En las palabras más habituales hay miles de años de historia. El conocimiento del propio idioma es el mejor arranque para ampliar horizontes en otros ámbitos lingüísticos y culturales.

Por otra parte la historia de las palabras es una fuente inagotable de sugerencias para enriquecer el mapa imprescindible para interpretar la realidad y dirigir con acierto lo que hacemos.

Un buen diccionario nos hace así más libres. Curioso efecto para un libro tan ordenado y aparentemente libre de historias.

Fuente de imágenes: PIXABAY

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