EL BURRO Y EL MONO BURLÓN
Un mono bastante inculto,
por molestar, le decía
a un burrito cada día
una cadena de insultos.
El burro se molestaba,
y cuando le arremetía
a un cocotero subía
el mono y se le escapaba.
―Burro tonto, burro loco,
burro imbécil ―se burlaba
el mono y luego trepaba
a los copitos del coco.
―Deja, mono, la cuestión,
que yo con nadie me meto;
yo a todo el mundo respeto
por mi buena educación.
Pero el mono, con presteza,
de alguna palma colgado
le atinaba alborozado
un cocazo en la cabeza.
―A ver, mono, si respetas,
que si te atrapo, pelele,
vas a probar cómo duele
una patada en la jeta.
―Que tú me atrapes a mí,
imposible es que se pueda,
para que eso suceda
debes trepar hasta aquí.
Yo fui hecho, es increíble,
para monear, como ves,
que me caiga alguna vez
es totalmente imposible.
―Pide a Dios que no te falle
la habilidad que mal usas,
pues de la forma que abusas
vas a quedar en la calle.
Y dicho y hecho:
desprendiéndose una rama
el mono se desparrama
y cae al suelo maltrecho.
Salta el burro prontamente
con la rabia acumulada
y una sonora patada
le da entre nariz y frente.
El mono herido de muerte
aquí nos quiere ilustrar
que es peligroso abusar
de habilidad y de suerte.
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Imagen y texto de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas