ATARDECER
Avanza el sol tenaz quebrando en rojo
con pinceles de luz y fuego el cielo
cuando el ave fugaz torna su vuelo
a la agreste quietud de su rastrojo.
El río corre silente con su antojo
blanco de arena, con azul de velo,
un canto alegre entona por el suelo
y verde muere como gris despojo.
Se borla de oro la tarde y al instante
va la linda muchacha campesina
llevando al hombro el cántaro agobiante,
ahoga en risa su boca coralina,
y al lanzar su cuerpo al río refrescante
saltan perlas del agua cristalina.
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Texto e imagen de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas