Tal como cita el artículo,
La clave podría estar en el "permiso" y en la interpretación.
Ese chico podría permitirse el error, permitirse vivir la experiencia de aprender, de ser aprendiz, porque lo que implica aprender es equivocarse. La auto-exigencia le impide disfrutar de lo que ocurre realmente: El hecho de que está aprendiendo a tocar un instrumento.
El profesor no le va a machacar tan duro como lo hace él mismo.
Estamos tan entrenados en el éxito, que parece que equivocarse sea un error, cuando en realidad no lo es.
Esta cultura del éxito, que lleva tiempo arraigada, nos ha hecho poco flexibles, monótonos e ignorantes de los beneficios del aprendizaje de los errores, que causan mucha más huella que los éxitos.