La mente se desvela en psiquedelia, una cabra juega en el tejado y nacen mariposas de mil alas sobre luces encendidas a su máxima potencia, la música se desintegra en cinco hidrógenos de oxígeno y veintidós colores reclaman su derecho; un reptil se esconde en el fruto por los siglos de los siglos. Así sea en el círculo unido por el agua que no moja las manos.
Cuando llamó a la puerta,
su cuerpo se hizo estrellas,
despertando un eco de la historia,
rubia de cervezas y de soles
más extraños que el gesto de una idea
diagonalmente gaseosa.
Abrió la perfección de la inocencia
-un asombro-,
y el aire de la carne sonó
a campana esférica de átomos...
Una, dos, tres veces se afirmó la ley universal de los metales
en la natural y exaltada atracción de la materia,
porque no descansa nunca el corazón
de las cosas mínimas.