Te tuve por unos segundos, fueron los más hermosos de mi vida, y descubrí porque el ser humano tenía la ambición de ser eterno, de ansiar la inmortalidad.
Solo tuve que conocerte y perderte, para conocer mis errores con profundidad y ansiar con todas mis fuerzas otra oportunidad, anhelando tus caricias nuevamente, rogando al tiempo que se detuviera en aquel encuentro, donde era un chico perdido en mis pensamientos, en mi dolor, en mis dudas, en mi temor...
Pero ahora viviré con la alusión de tu recuerdo, que me acompaña en los días grises y en las gélidas noches, dejándome tempestades, haciéndome recordar, haciéndome valorar.... el presente aún más, de que cada paso cuenta y cada acción tiene su consecuencia.