Caricatura realizada por el autor; lapiz y marcador sobre papel, colorizada digitalmente en Gimp (que viva la libertad y el software libre).
Más de 4 millones de venezolanos y venezolanas salieron de su país hasta la fecha, según los datos de los gobiernos que los reciben, lo que representa una de las mayores crisis de desplazamiento en el mundo en tiempos recientes.
Ha habido un aumento del 8 mil por ciento en el número de venezolanos y venezolanas que solicitaron la condición de refugiado en todo el mundo desde 2014, principalmente en las Américas.
Esto es lo que expresa la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en el apartado de su página web dedicado al éxodo venezolano: “el éxodo más grande en la historia reciente de la región”.
Para las familias venezolanas, esto conlleva el choque emocional del desarraigo y la disolución de sus vidas. Los que escapan cargan el peso y los riesgos de crear una nueva vida, en medio de costumbres y ambientes extraños. Los que se quedan sostienen la responsabilidad fundamental de sobrevivir.
Sabemos que probablemente no volveremos a ver a gran parte de nuestros familiares y amigos. Las distancias que nos separan son inmensas y muchos, tal vez la mayoría, se han ido con la intención de no volver. Crearán sus vidas en otros países, a los que ahora llamarán “hogar”.
Y todo esto ha sido el resultado directo de una ideología abiertamente totalitarista, que invita a tomar todos los espacios de la sociedad y ejercer el control absoluto del poder, usando todos los medios a su disposición (incluso la violencia) para lograr la utopía de una igualdad obligada.
No es sorpresa alguna. La tradición marxista expresa claramente —sin la menor vergüenza— que el objetivo fundamental del revolucionario es imponer una dictadura —la dictadura "del proletariado”— a todo costo.
Por supuesto, la dictadura del proletariado es simplemente la dictadura del partido. Y sin embargo, en los regímenes democráticos aún se permite legalmente la difusión de estas ideologías, cuyo fin último (y expreso) es aniquilar a la democracia misma.
Imaginen el terror y la desilusión de un refugiado venezolano que abandona todo para escapar del absolutismo, y descubre que la desgracia parece perseguirlo a través de toda América Latina.
Es el indetenible tsunami de la ignorancia y la estupidez humana, en la forma de movimientos políticos que abogan por esa "dictadura del proletariado”... la misma que destruyó a Venezuela, y que ahora se expande por todo el continente americano.
Al parecer, los pueblos no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
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