Aséntate en el trono.
Acércate a tus sombras.
Aproxímate, de frente, responsablemente.
No les des jamás tu dorso.
No les regales tu espalda,
pues tendrás bien merecido tu castigo,
por tu estupidez,
el regalo de todas las heridas del mundo,
todas sobre tu corazón,
todas desde tu espalda,
todas desde tu ignorancia,
desde tu triste inocencia.
Aséntate en el trono.
Atiende a las sombras.
Ellas vienen con regalos,
todas las miserias del mundo,
todas sus mentiras,
sus conocidos engaños
y su hedor pútrido de enfermedad.
¡Oh, su enfermedad!
Mundo asqueroso de llagas,
sangrando inconsciencia,
vomitando confusión...
Aséntate en el trono.
No temas, no pueden tocarte.
Eres el Amo de las sombras,
tú lugar es aquí arriba,
el de ellas, allí abajo,
postrándose ante tu maestría.
Porque fuiste tú el que aceptó el mundo
—no el de los sueños—,
sino El Verdadero.
Por tu honestidad espiritual
has ganado el mundo entero.
Por eso aséntate en el trono,
Maestro de Sombras,
que ellas dancen para ti ahora.
~Spirajn Senpretend~