Noto cómo me miras.
Esa mirada de la cual no importa el color de los ojos, esa que llena el alma.
Es de las que enamoran, transmiten paz, serenidad, felicidad, y más que eso, transmiten amor.
Y me miras: Me pongo a temblar, me pongo nerviosa, tu mirada penetra mi corazón.
Mi ritmo cardíaco comienza a acelerar, coloco mis manos agitadas en mis bolsillos e intento parecer un tanto taciturna.
Trato de evitar engancharme, comienzo a sudar, me quedo inmóvil, simplemente comienzo a ahogarme. ¡Lo hago! en una inmensa taza de café.
Tus párpados son el contenedor de la droga más divina.
Tus ojeras le dan ese dulce amargo.
Tus pupilas son la cafeína más pura.
Y ese brillo intenso es la crema suave que pone tiernito el paladar.
Aún no entiendo tu manera de mirarme, pero, es única, deliciosa e incomparable.
(Eva. K. Blanco Rangel, 27 de Agosto de 2013).
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