De pronto te vi, intenté gritar y huir, no pude.
Ahora solo me refugio día y noche en el dulce
Recuerdo de tu rostro y tu voz.
¿Y ahora que obtengo yo?
¿Sólo una mirada compartida?
¿Sólo esa última vez que te vi antes de que te marcharas?
¿Uno que otro placer culposo?
No sales de esta mujer corrompida por la Platonía
Y solo te vi, te hablé, te sonreí una vez.
¿Alguna vez te pasaría?
¿Alguna vez pensaste en mí?
Gracias por hacerme sentir aunque no sepas.
Sólo espero que algo sea tu boleto a casa
Y pueda volver a verte nuevamente
Con ese dulce amargo de no tenerte
Y que tú no me tengas a mí.
(Eva. K. Blanco Rangel, 15 de Diciembre de 2016).