Me presento para recordarte que,
Sin importar cuanto aguante la respiración,
Te ahogas de todos modos.
No llego para que me recibas con los brazos abiertos,
Más bien, dejo que te percates por ti mismo
Que mi forma encaja en tu rompecabezas
Algunos piensan que soy muy cruel.
Tal vez, debería avisarte antes de que ocurra algo malo.
Pero, descubrí que es inútil,
Mi voz no se escucha en esos momentos.
Nadie presta atención.
Mi enemigo, se deja sentir tapando tus oídos.
Vendando tus ojos, por eso, gana siempre.
Permitiendo que sea así.
Yo, que aguardé detrás de las respuestas tus acertijos,
No las desvié; solo las retuve,
Hasta que tu mente estuviese preparada para recibirlas,
Hasta que mi rival culminara sus visitas.
Hoy,
Te miro como siempre,
Debatiéndote en tu mar de conjeturas.
Entre tanto, estaré echada por ahí;
Lanzándote indirectas, como dardos invisibles,
Para ver si me presta atención.
Ese es mi oficio,
El oficio de la razón…