El Universo, tan vacío para todos, pero oculto en su interior un manantial vivo que alimenta a todas las galaxias. La perpetua oscuridad existente solo aparenta muerte, una inquietante muerte que asombra y al mismo tiempo asusta.
Solo pequeños puntos de luz en su inmensidad, puntos de vida tan distantes entre ellos que difícilmente son alcanzables para la cualquier forma de vida conocida. Aislados oasis habitados por seres con ansias de ser dioses poseedores de todo lo visible a pesar de su insignificante existencia.
Y en tan vasto espacio la vida emerge procedente de la oscuridad, en busca de luz que la alimente para poder seguir expandiéndose hacia otros universos no conocidos. Autopistas de esporas surcan el espacio, recogiendo y esparciendo cada molécula vital, en un incesante baile que una y otra vez nos volverá a deleitar con su majestuosidad, como si una oculta deidad moviera los hilos de la vida