¡Mira esto! ¡Mira lo otro!

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¡Mira esto! ¡Mira lo otro!

Tras largas horas de duro camino, previo paso por densas zonas vegetales, innumerables insectos y un sinfín de sonrisas empapadas en sudor y agotamiento, llegamos hasta el lugar que hizo cambiar la expresión de nuestras caras.

Allí estaba lo que tanto habíamos estado buscando, sin prisa, pero sin pausa.

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[Fuente](Foto Propia)

Entre las montañas pudimos divisar un enorme salto de agua y nuestros cuerpos, sincronizados por nuestro entusiasmo y amor por la naturaleza, se comunicaron y se transmitieron alegría, pasión y bienestar.

No podía existir nada mejor que descubrir junto a ti esos pequeños lugares apartados del ruidoso mundo, no había nada más bonito que poder contemplar la belleza de la naturaleza con alguien tan especial.

Después de recrear nuestras vistas durante un largo rato, decidimos acercarnos más a la cascada para poder tener una mejor perspectiva de nuestro descubrimiento.

Pero, en aquel viaje descubrimos algo. Nos llevamos un valioso mensaje a nuestras casas, tuvimos consciencia de que lo más especial de todo no había sido el encontrar aquella magnífica cascada, sino nuestra capacidad de disfrutar juntos de cada insignificante detalle que la naturaleza nos había puesto por delante.

¡Mira esto! ¡Mira lo otro!

Cada piedra, animal o planta encerraban un hermoso mundo que queríamos compartir el uno con el otro, que nos queríamos mostrar para que el otro pudiera disfrutar de la ilusión del descubrimiento. Eso era lo que nos hacía especiales, lo que más nos unía, con lo que mejor lo pasábamos y lo que nos hacia querernos y hasta amarnos…

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