Un cometa apagado

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En esas llanuras inhabitadas nada interesante sucedía, hasta que el meteorito cayó y les dio un lugar en el mapa que los haría importantes. Vivían siendo autónomos y anónimos, y eso les fastidiaba, querían que el mundo les consideraba.

Así lo vio el padre Mundo y decidió hacerlos notar por una temporada, sólo para ver como lo sobrellevaban. Mandó un meteorito que irradiaba una luz perpetua a sus terrenos baldíos, que cambió su vida para siempre.

A la escena llegaron señores de todos los pueblos a admirar tal evento, y los muy listos estaban dispuestos a pagar con dinero por maravillarse un rato. Los lugareños lo entendieron, y armaron toda treta mercantilista al lugar de los hechos.

souvenirs, comida, y atracciones alusivas a un pueblo que nunca habían visto, que hasta su nombre cambió a "ciudad del meteorito". De nada distinto se hablaba allí. Hasta las actividades cotidianas que los mantenían vivos se dejaron de hacer porque ahora todo, era relacionado al cometa luminoso.

El padre Mundo miraba curioso como cambiaron su estilo de vida tan rápido, a tal punto que cambiaron una rica y desconocida historia de 500 años, solo porque ahora algo había caído del cielo, para iluminarlos por siempre. Se volvieron tercos, presumidos y bastante irritantes, todo lo contrario a ese tímido pueblo que vivía bajo las sombras. El padre mundo estaba extrañado.

La ciudad estaba perdida entre los excesos. Al convertirse en un dantesco centro de turismo, el vicio se apoderaba del lugar, al igual que las drogas, y todo lo malo que las ciudades modernas tenían, solo que aquí se conseguía a la décima potencia, y en un lugar más pequeño.

Todo por el cometa, o al menos eso imaginó el padre Mundo, que se indignaba al ver en lo que un pequeño y puro pueblo se convirtió, al tener toda la atención encima, y cuando las cosas no podían ir peor, pues empeoraron.

"Aquí vengan tranquilos, que aquí no hay Dios que los vea" decía un letrero inmenso en las afueras de la "ciudad meteorito", que anunciaban orgullosos la clausura de la iglesia y la apertura de un casino en las edificaciones. Ya no tenían que recurrir a la fe si ya lo tenían todo... y eso enfureció al padre Mundo.

"No creen en lo que soy, y yo fui quien los hizo importantes", gritaba enfurecido el padre Mundo. "A ver como se las apañan ahora que les apague su piedrita", y justo así hizo el padre Mundo, que decidió apagar esa luz perpetua.

El miedo y desesperación del pueblo fue obvio lo único que los hizo importantes desapareció, y en menos de una semana, los turistas se alejaron, porque realmente era lo que hacía a ese lugar tan vacío, un "algo".

Le dieron tanta importancia al meteorito, que todo lo que hacían antes ya no existía, ocasionando así, una crisis y una hambruna sin precedentes, logrando acabar con el pueblo y su gente. El padre Mundo entendió ese día, que en cosas de humanos, mejor mirar de lejos, porque hasta dándoles una mano, ellos la usan para ahorcarse.

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