Rafael Caldera en sus 102 años

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Hoy, 24 de enero, se conmemoran 102 años del natalicio de Rafael Caldera, ex presidente venezolano en dos oportunidades.

Hablar de Rafael Caldera es evocar muchas emociones y sentimientos en el país: muchos de sus defensores arguyen que fue uno de los más importantes académicos venezolanos y que su paso por la presidencia estuvo signada por el estadismo; sus detractores le reclaman haber realizado el sobreseimiento a Hugo Chávez y con ello darle la posibilidad de su lanzamiento a la presidencia en 1998.


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Sea como fuere, en este corto post quisiera hacer mención a un hecho sobre Caldera poco tratado en la actualidad: su ascenso a la presidencia en 1993.

Rafael Caldera fue, ciertamente, un académico: se gradúa con honores del Colegio San Ignacio de Loyola en Caracas a los 15 años, y luego de esperar un año para acceder a la Universidad Central de Venezuela —cuyos cupos abrían cada dos años en ese entonces— se gradúa de Doctor en Ciencias Políticas en 1939, también con honores, publicando como tesis un Tratado de Derecho del Trabajo.


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A los diecinueve años, y aún siendo estudiante de Derecho, escribe una biografía sobre Andrés Bello que es premiada por la Academia Venezolana de la Lengua y que aún hoy conserva su mención como uno de los mejores trabajos biográficos sobre el citado personaje. A los veinte años, en 1936, funge como corredactor de la Ley del Trabajo.


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Pero a pesar de toda esta erudición, Caldera enfocó siempre su carrera hacia la política. Fue siete veces candidato a la presidencia (1947, 1952, 1958, 1963, 1968, 1982 y 1993), siendo electo en 1968, por el partido COPEI —el cual fundó en 1946—.


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En 1993 funda el partido Convergencia y es reelecto como Primer Mandatario. En esta última elección se midió con varios candidatos, entre ellos tres que también habían ejercido funciones como cabezas del Poder Ejecutivo en sus respectivas entidades: Claudio Fermín, de Acción Democrática, ex Alcalde de Caracas, Oswaldo Álvarez Paz, de COPEI, ex Gobernador del Estado Zulia y Andrés Velásquez, por la Causa Radical (La Causa R), ex Gobernador del Estado Bolívar (este fue su tercer intento por llegar a la presidencia).

Caldera, al ver imposibilitada su aspiración a Miraflores para las elecciones de 1993 por su partido COPEI, decide separarse del mismo y fundar una nueva organización política.

Mi profesor, Juan Simón Uzcanga Lovera (Q.E.P.D.), ex asesor político de Caldera en esos comicios, me refirió en una oportunidad que la idea de llamar Convergencia a ese partido era la de concretar una unidad nacional: Caldera sería «Candidato Nacional» (esto fue parte de su campaña) en alusión a que su candidatura amalgamaría a todo el país y a todas las corrientes de pensamiento, y precisamente por este último hecho, Convergencia toma su nombre, pues en el seno fundacional del partido estuvieron diferentes personalidades del país tanto políticas como intelectuales que en años anteriores representaban a diferentes tendencias. Convergencia no sería, pues, como COPEI, un partido socialcristiano, sino un partido que albergaría diferentes corrientes de pensamiento, en razón de las diferentes personas que allí harían vida (comunistas, socialdemócratas, liberales, libertarios, progresistas, etc.), y con ello su candidatura intentaría llegar a toda la población.

El mote de «Chiripero» con el que Acción Democrática, su principal contendor, bautizaría a Convergencia, sirvió de acicate para la victoria final de Caldera, pues éste no dejó de autodenominarse «el candidato del chiripero», usando, pues, con slogan político (con un sentido bien populista) el referido remoquete. Caldera saldría victorioso en aquella contienda, con el 30,46% de los votos.


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Su gobierno fue sumamente impopular pues, entre otros factores, nunca pudo gozar de la aceptación de la mayoría de los venezolanos. Muchas bromas se realizaban en torno a él, como cuando se referían a que su gobierno era como Semana Santa pues «o cae en marzo o cae en abril».

Con 78 años asumió la presidencia el 2 de febrero de 1994, y dejaría el poder el 2 de febrero de 1999 con 83 años de edad. Una ancianidad que, unida al descontento que reinó en el país durante su quinquenio, abruptamente empujó a Venezuela a abrazar la antipolítica, lo cual hizo que su segundo paso por Miraflores fuese bastante cuestionado.

Puedo referir tres anécdotas que, de niño, pude apreciar sobre su mandato: en 1997, durante el programa matutino de Venevisión, «24 Horas», entonces conducido por Napoleón Bravo, se entrevistaron a varias personalidades jóvenes de la farándula para que dieran su visión sobre lo que necesitaba el país para el año siguiente. Luis Chataing era uno de los invitados y puedo recordar cuando dijo «quiero un presidente como Bill Clinton, que salga a tocar su saxofón con los jóvenes». Con esto se percibía un notorio distanciamiento de los jóvenes con su presidente.

Un año antes, en el programa de Maite Delgado, también en Venevisión, Servando y Florentino Primera, promocionando lo que fue su primer disco como solistas, fueron preguntados sobre si les gustaba algo del gobierno de entonces, y Servando categóricamente expresó que «nada», pues «no me siento identificado» con ese gobierno.

Por último, recuerdo el día en que Caldera entregó el poder en 1999. Hubo cadena nacional y mostraron cuando él arribó al Congreso. Los seguidores de Hugo Chávez estaban apostados en las puertas, esperando a su «comandante» llegar. Apenas Caldera sale del vehículo y saluda a la multitud, se escuchó un estruendoso abucheo.


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Rafael Caldera hizo muchas cosas positivas por el país, eso es cierto, como la pacificación de los años sesenta, pero también cometió muchos errores, no sólo de índole político sino también económico, como lo fue su programa económico «Agenda Venezuela», pero lo que podemos referir, sin titubeos, es que este personaje no puede serle indiferente a los venezolanos: hoy somos lo que somos en buena parte por sus políticas. No sólo lo bueno, también lo malo…

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