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Cuando pensé no me podías decepcionar más, que ya no me lastimarías ni este dolor harías más grande, que todo tal vez era un error y se podría solucionar, caíste aún más bajo, cayó tu máscara, salió el cobre y resultaste ser lo mismo que todos o tal vez peor...
Lo que más decías odiar de la sociedad, que la gente se escondiera tras una pantalla para ocultar su hipocresía o falsedad, justamente lo mismo hiciste tú, eres un maestro del engaño, jugaste no solo conmigo sino dañaste a más personas...
Pero, ¿sabes qué?... no eres tan bueno engañando como pensabas...
Tu máscara cayó, tu juego terminó, al menos dos ingenuas menos en tus juegos seguirán y aunque ahora des tu versión, la vida se encargará de cobrar cada una de nuestras lágrimas y te hará pagar caro este gran daño que nos hiciste, porque fue premeditado...
Dañaste corazones, no solo uno, y así te atreves a navegar con bandera blanca jurando amor y jamás lastimar, diciendo que estás hecho para crear y no para destruir, que no eres un maldito y que tu calidad humana es muy alta, sabiendo que dentro de tí lo que te mueve es dañar a quien más te ama, sin importar el dolor que causes y destrozar vidas que su único error fue amarte y creer en tus palabras disfrazadas de engaño...
Hoy disfruta todo el daño que has causado, porque tarde o temprano la vida te lo cobrará, todo cae por su propio peso y aunque no te odio, sí deseo que la vida te dé el pago justo por tus acciones, que no dañes a más personas, y quien aun sabiendo que solo destruyes decida estar contigo, en verdad créeme que la compadezco pues no sabe cómo terminará...